TERCERA PARTE: VI. Líneas de trabajo para comunidades y agentes: de la convergencia a la praxis El ecumenismo se vuelve creíble cuando pasa del plano de las declaraciones a la forma de vida de las iglesias. Tras el largo ciclo de clarificación doctrinal —de Nicea a Constantinopla y, en la modernidad, de Lima [1982] a La Iglesia: hacia una visión común [2013]— disponemos de una gramática compartida suficiente para traducir convicciones en prácticas. No se trata de añadir programas a una pastoral ya sobrecargada, sino de reconocer que la unidad y la apologética común forman parte del modo ordinario de anunciar el Evangelio. El horizonte no es la uniformidad, sino una convergencia confesante que permita a las comunidades «respirar» con hábitos de lectura, celebración y testimonio compatibles con la fe que proclamamos juntos.
Un lugar abierto a la reflexión