Un libro necesario sobre un ministerio demasiado desconocido. No es frecuente que aparezca un libro dedicado íntegramente al diaconado. Precisamente por eso, la publicación de Diáconos, Servidores del Evangelio y la Misericordia , editado por Sola Fide y escrito por Juan García Biedma, merece una acogida especial. En un panorama bibliográfico donde apenas existen obras de cierta entidad sobre este ministerio, este volumen viene a llenar un vacío importante y lo hace con una profundidad, una seriedad y una documentación que llaman poderosamente la atención desde sus primeras páginas. No sorprende que así sea cuando se conoce la trayectoria de su autor. Juan García Biedma no es un improvisado. Fue uno de los primeros diáconos permanentes ordenados en la Archidiócesis de Madrid en 1986 por el cardenal Ángel Suquía, y es el único que permanece con vida de aquel primer grupo pionero. Además, durante años fue secretario personal del entonces Arzobispo Castrense, el cardenal José ...
La doctrina de la inerrancia bíblica se basa en una premisa sencilla, aparentemente irrefutable, a saber: Dios no puede errar, la Biblia es la palabra de Dios, luego la Biblia no puede errar[1]. El argumento es convincente, pero falla en un punto esencial: Dios, ser transcendente y supremo, no es igual a un libro, la Biblia, por más inspirada que se considere. La Biblia tiene su autoridad, la autoridad de Dios, en cuanto en ella se ha consignado la revelación o comunicación de Dios con el ser humano en un largo y complejo proceso histórico. Naturalmente que la Biblia no se equivoca —está libre de error—, pero no se equivoca en aquello para lo que ha sido dada, soplada, espirada: «Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié » (Is 53:11).