La doctrina de la inerrancia bíblica se basa en una premisa sencilla, aparentemente irrefutable, a saber: Dios no puede errar, la Biblia es la palabra de Dios, luego la Biblia no puede errar[1]. El argumento es convincente, pero falla en un punto esencial: Dios, ser transcendente y supremo, no es igual a un libro, la Biblia, por más inspirada que se considere. La Biblia tiene su autoridad, la autoridad de Dios, en cuanto en ella se ha consignado la revelación o comunicación de Dios con el ser humano en un largo y complejo proceso histórico. Naturalmente que la Biblia no se equivoca —está libre de error—, pero no se equivoca en aquello para lo que ha sido dada, soplada, espirada: «Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié » (Is 53:11).
Mujeres de la Biblia judía de Xabier Pikaza. Editorial Clie, 2013. “No he preparado este libro para expertos (aunque quiere ser riguroso), sino para aquellos que quieran conocer el sentido y función de la mujer en la cultura occidental, marcada de manera poderosa por la Biblia, en la que incluyo los libros del canon hebreo (Miqrá) y los que fueron añadidos en la diáspora helenista entre los siglos II-I a. C. (Biblia de los Setenta, LXX).” Xabier Pikaza Vivimos unos tiempos en los que todo lo femenino está siendo reivindicado. Se está llamando la atención a determinadas ideas, costumbres y comportamientos que se creían correctos pero que, al presente, evidencian una clara discriminación y trato de inferioridad hacia la mujer y que, por tanto, es necesario superar. Desde aquí es que en las últimas décadas la mujer se ha dedicado, cada vez más, a hacer teología, a interpretar las Escrituras desde una nueva perspectiva: la feminista. Como en todos los movimientos reivindicativ...