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Mostrando entradas de diciembre, 2023

Acoger a un Dios que nos sorprende porque viene a su manera | Luis Miguel Modino

  En un mundo cada vez más deshumano, inclusive entre aquellos que se dicen creyentes, es necesario contemplar y acoger al Dios que se hace humano, al Dios que se hace pequeño, que se hace pobre y nace entre los más pobres, que al final fueron los únicos que le hicieron un hueco en medio de ellos. Maria y Jose Asumir la humanidad de Dios Navidad es tiempo para asumir la humanidad de Dios, de un Dios que nos da la posibilidad de tener actitudes divinas en la medida en que tenemos prácticas cada vez más humanas. Nunca llegaremos a Dios si no nos hacemos cada día más humanos, nunca acogeremos al Dios que se hace Niño si no estamos dispuestos a acoger a tantos hombres y mujeres que son imagen de Dios y que vienen a nuestro encuentro de forma cotidiana. Acoger a un Dios que nos sigue sorprendiendo, y lo hace porque se manifiesta de modos muy diferentes a los que muchos de nosotros imaginamos y esperamos. Es difícil imaginar a un Dios que se hace gente, que quiere caminar con nos

Las misiones de la Reforma | Manuel Díaz Pineda

Hemos de comenzar reconociendo que inicialmente el énfasis de la Reforma fue más teológico que misionero. Los reformadores querían rescatar el cristianismo de la corrupción moral y eclesiástica en que había caído, y querían poner a las Sagradas Escrituras en el primer plano, con sus doctrinas de solo Cristo, sola Escritura, sola gracia y sola fe. Sin embargo, la Reforma puso nuevos y buenos fundamentos sobre los cuales se podría edificar los movimientos misioneros posteriores. Esta época tuvo lugar desde la Reforma hasta los misioneros de Halle, desde 1517 hasta 1650.

¿Murió Dios en Auschwitz? | Alfonso Pérez Ranchal

Desde pequeño siempre tuve una especial atracción con todo lo que tenía que ver con la Segunda Guerra Mundial. Es una de esas cosas que no sé explicar pero que conforme iba adquiriendo edad no solamente no desaparecía sino que, al contrario, se intensificaba. Si de niño me llamaban la atención las grandes campañas militares en mi primera juventud ya había leído lo suficiente para horrorizarme con los campos de concentración, los bombardeos masivos sobre algunas ciudades llenas de civiles o las dos bombas atómicas arrojadas sobre Japón. Esta guerra parecía haber cruzado todas las fronteras de lo soportable. Si bien es cierto que en tantos otros enfrentamientos bélicos anteriores mucho ya se había dado, no lo es menos que el grado de maldad y las cifras de muertes y destrucción no han tenido parangón en la historia, ni antes ni después. Por supuesto, desde Auschwitz han ocurrido otros tantos episodios de gran horror que podríamos sumar a este y así el título de este artículo