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'Diáconos' de Juan Biedma. Reseña | Francisco José García-Roca


Un libro necesario sobre un ministerio demasiado desconocido.
No es frecuente que aparezca un libro dedicado íntegramente al diaconado. Precisamente por eso, la publicación de Diáconos, Servidores del Evangelio y la Misericordia, editado por Sola Fide y escrito por Juan García Biedma, merece una acogida especial. En un panorama bibliográfico donde apenas existen obras de cierta entidad sobre este ministerio, este volumen viene a llenar un vacío importante y lo hace con una profundidad, una seriedad y una documentación que llaman poderosamente la atención desde sus primeras páginas.

No sorprende que así sea cuando se conoce la trayectoria de su autor. Juan García Biedma no es un improvisado. Fue uno de los primeros diáconos permanentes ordenados en la Archidiócesis de Madrid en 1986 por el cardenal Ángel Suquía, y es el único que permanece con vida de aquel primer grupo pionero. Además, durante años fue secretario personal del entonces Arzobispo Castrense, el cardenal José Manuel Estepa, colaborando muy estrechamente con él en distintos trabajos teológicos y, especialmente, en la preparación y composición del Catecismo de la Iglesia Católica. Todo ello se percibe en cada capítulo: detrás de estas páginas hay muchas horas de estudio, pero también una vida entregada a la Iglesia y al servicio del Evangelio.

El libro realiza un recorrido histórico, bíblico y teológico realmente amplio. Desde los fundamentos escriturísticos del ministerio diaconal hasta los desafíos actuales, el autor conduce al lector por la evolución del diaconado en la Iglesia antigua, su práctica en Oriente y Occidente, su práctica en otras confesiones cristianas y su restauración tras el Concilio Vaticano II. Todo ello con un enfoque ecuménico que enriquece notablemente la comprensión del ministerio.
Pero si tuviera que señalar un capítulo que me ha emocionado especialmente sería, sin duda, el cuarto, dedicado a los santos diáconos. En él aparecen aquellas figuras que han alcanzado la gloria de los altares y que constituyen la expresión más hermosa de la vocación diaconal vivida hasta sus últimas consecuencias.

Naturalmente encontramos a san Esteban, el primer mártir; a san Felipe, evangelizador infatigable; a san Lorenzo, cuyo amor a los pobres sigue siendo paradigma del servicio cristiano; a san Vicente, mártir de la Iglesia hispana; a san Efrén, diácono y doctor de la Iglesia, cuya riqueza teológica continúa iluminando a Oriente y Occidente; y, sorprendentemente para algunos, también a san Francisco de Asís, que permaneció toda su vida como diácono y nunca quiso recibir el presbiterado por profunda humildad.
Leer estas páginas ayuda a comprender que el diaconado no es una realidad reciente ni una solución organizativa surgida tras el Concilio Vaticano II. Es una vocación profundamente arraigada en la tradición apostólica y avalada por hombres cuya santidad transformó la historia de la Iglesia. En un momento en que el diaconado necesita referentes claros, este capítulo constituye un verdadero regalo espiritual. Nos recuerda que la Iglesia peregrina necesita mirar constantemente a la Iglesia triunfante y acudir a la intercesión de aquellos diáconos santos que supieron hacer de su ministerio un auténtico servicio de la caridad.

Otro aspecto que me ha parecido especialmente interesante es el tratamiento que el autor dedica a algunas cuestiones teológicas todavía abiertas. Entre ellas sobresale el estudio sobre la posibilidad de que los diáconos puedan ser considerados ministros ordinarios del sacramento de la unción de los enfermos. Juan García Biedma no plantea el asunto de forma superficial ni polémica; al contrario, expone con rigor los argumentos históricos, bíblicos y sacramentales que han alimentado este debate durante décadas. Aunque el lector pueda no compartir todas las conclusiones, agradecerá que el autor afronte cuestiones que rara vez aparecen tratadas con serenidad y profundidad.
A lo largo de toda la obra se aprecia un equilibrio poco frecuente entre el estudio académico y el testimonio personal. No estamos únicamente ante un tratado de historia o de teología. En muchas páginas se percibe el corazón de un hombre que ha amado profundamente su ministerio y que también ha conocido el sufrimiento. El propio prólogo deja entrever que estas páginas nacen de una experiencia marcada por las alegrías del servicio, pero también por heridas personales y eclesiales. Lejos de convertir el libro en un ajuste de cuentas, ese dolor se transforma en una llamada constante a una Iglesia más servidora, más humilde, más misericordiosa y más fiel al Evangelio.
Quizá ahí reside una de las mayores riquezas de esta obra. Juan García Biedma no escribe como un investigador distante que contempla el diaconado desde fuera. Escribe desde dentro, desde la experiencia de quien fue protagonista del renacimiento del diaconado permanente en España. Sus reflexiones tienen el peso de quien ha recorrido ese camino durante casi cuarenta años, compartiendo las ilusiones de los comienzos, las dificultades del desarrollo posterior y las esperanzas puestas en las nuevas generaciones de diáconos.

Por eso muchas de sus páginas transmiten emoción. Se advierte que están escritas —como él mismo afirma— “con lágrimas y con esperanza”. Lágrimas por las incomprensiones, por las limitaciones y por las heridas sufridas; esperanza porque sigue creyendo firmemente que el diaconado constituye uno de los grandes dones que el Espíritu Santo ha concedido a la Iglesia de nuestro tiempo.
En una época en la que con frecuencia se habla de sinodalidad, de cercanía y de una Iglesia en salida, este libro recuerda que el diaconado no es un ministerio accesorio, sino un signo sacramental de Cristo Servidor. Recuperar plenamente su identidad y su misión puede ayudar decisivamente a que la Iglesia sea más fiel al Evangelio de la misericordia.

Estamos, en definitiva, ante un libro muy recomendable. Lo es para los diáconos, para los aspirantes al ministerio y sus familias, para obispos, presbíteros, seminaristas y también para cualquier laico que desee conocer mejor una de las vocaciones más antiguas y, al mismo tiempo, más desconocidas de la Iglesia.
Quien se acerque a estas páginas encontrará un estudio sólido y bien documentado, pero descubrirá también algo mucho más valioso: el testimonio de un hombre que ha luchado y sufrido por amor a un ministerio que considera un don para toda la Iglesia. Y quizá esa sea la mejor definición de este libro: una obra escrita con inteligencia, con experiencia y, sobre todo, con un inmenso amor al diaconado.

Francisco José Garcia-Roca López,
Diácono Permanente de la Archidiocesis de Madrid.














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