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LA EVOLUCIÓN Y SUS CRÍTICOS (7)Michael Denton y la crisis del darwinismo | Alfonso ROPERO


Michael John Denton es un bioquímico australiano, cuya obra Evolution: A Theory in Crisis (1985) inspiró a los defensores del diseño inteligente Phillip Johnson, Michael Behe[1] y George Gilder, cofundador del Discovery Institute, el centro del movimiento del diseño inteligente.
En Evolución: una teoría en crisis, básicamente ataca el gradualismo darwiniano, con base en la ausencia de fósiles intermedios y en las peculiaridades moleculares de los grandes grupos de seres vivos. Denton considera que, si bien la selección natural ha sido observada en la naturaleza, su extrapolación para explicar la macroevolución o surgimiento de grupos supraespecíficos no está justificada. En realidad, Denton considera que el concepto de continuidad en el mundo orgánico está en la mente humana, no en la naturaleza, que es básicamente discontinua.
El desafío de la evolución para el cristianismo

La evolución, según Denton, es «el gran mito cosmogénico del siglo XX» el cual, pese a su falta de fundamento científico, «ha llegado a abarcar todos los aspectos del pensamiento moderno; y ninguna otra teoría reciente ha influido tanto en nuestra forma de vernos a nosotros mismos y nuestra relación con el mundo que nos rodea. La aceptación de la idea hace cien años dio inicio a una revolución intelectual más significativa y de mayor alcance que incluso las revoluciones copernicana y newtoniana de los siglos XVI y XVII»[2]. 

En el aspecto cultural, el triunfo de la evolución supuso «el fin de la creencia tradicional en el mundo como un orden creado con un propósito» que había predominado en el mundo occidental durante dos milenios. Denton admite la realidad comprobada de la microevolución, pero en ningún caso la macroevolución. La transmutación de una especie a otra mediante la acumulación de alteraciones, grandes o pequeñas es imposible, como en su día estudió Georges Cuvier. «La teoría de Darwin requería no solo uno o dos intermediarios de estatus dudoso, sino innumerables formas de transición, y el registro fósil no proporcionaba ninguna evidencia para creer que esta infinidad de eslabones de conexión hubiera existido alguna vez»[3]. Por otra parte, la evolución por selección natural es inevitablemente un proceso relativamente lento, y surge la pregunta: «¿Ha habido tiempo suficiente para todos los enormes cambios que necesariamente debieron ocurrir durante el curso de la evolución?»[4]

Para el cristianismo, el advenimiento de la teoría de la evolución y la eliminación del pensamiento teleológico tradicional resultaron catastróficos, afirma Denton. «La sugerencia de que la vida y el ser humano son fruto del azar es incompatible con la afirmación bíblica de que son el resultado directo de una actividad creativa inteligente. A pesar del intento de la teología liberal por disimularlo, lo cierto es que ninguna religión de origen bíblico puede verse comprometida con la afirmación fundamental de la teoría darwiniana»[5].

De esta manera, la teoría darwiniana rompió el vínculo del hombre con Dios y lo dejó a la deriva en un cosmos sin propósito ni fin que su impacto fue tan fundamental. «Ninguna otra revolución intelectual de la época moderna (con la posible excepción de la copernicana) afectó tan profundamente la forma en que los hombres se veían a sí mismos y su lugar en el universo»[6].
«El siglo XX sería incomprensible sin la revolución darwiniana. Las corrientes sociales y políticas que han sacudido el mundo en los últimos ochenta años habrían sido imposibles sin su abuso intelectual. Resulta irónico recordar que fue la perspectiva cada vez más secular del siglo XIX la que inicialmente allanó el camino para la aceptación de la evolución, mientras que hoy es quizás la visión darwiniana de la naturaleza, más que ninguna otra, la responsable de la perspectiva agnóstica y escéptica del siglo XX. Lo que antes era una deducción del materialismo se ha convertido hoy en su fundamento»[7].
Denton, como tantos otros críticos del darwinismo, considera que la teoría de Darwin obedece a los intereses ideológicos de su época. Para empezar, los conceptos de continuidad y gradualismo, fundamentales para todo el modelo darwiniano de evolución, estaban en consonancia con una tendencia general hacia el conservadurismo político y social, predominante en la sociedad victoriana del siglo XIX y profundamente arraigada en las sociedades occidentales modernas. «Otro factor social que probablemente facilitó el camino a Darwin fue la creencia victoriana en la inevitabilidad del progreso. Esta visión optimista de las posibilidades ilimitadas del progreso humano y la creencia en la perfectibilidad del hombre pueden parecer ingenuas hoy en día, pero tal filosofía evolutiva social difícilmente pudo haber impedido la difusión y aceptación de la idea de la evolución biológica»[8].

En el aspecto religioso, como resultado de ese medio ambiente intelectual Dios comenzó a ser visto cada vez más como una primera causa distante y remota, el arquitecto de un universo mecánico que había continuado desde su creación funcionando automáticamente sin necesidad de ninguna intervención divina adicional. «Las explicaciones en términos de causas naturales también estaban teniendo un éxito creciente en química y fisiología»[9]. No sorprende que en este abrumador contexto social e intelectual muchos aceptaran la teoría de la evolución como un hecho real, lo cual es simplemente absurdo, sentencia Denton. «El modelo de evolución de Darwin sigue siendo una teoría y aún está en entredicho en lo que respecta a los fenómenos macroevolutivos. Además, al ser básicamente una teoría de reconstrucción histórica, es imposible verificarla mediante experimentos u observación directa, como es habitual en la ciencia»[10].

Esto le lleva a emitir un juicio problemático y abierto a la crítica: «Si bien es absurdo afirmar que la teoría de Darwin es un hecho, irónicamente, tanto Julian Huxley como RichardDawkins tienen razón en el sentido de que, una vez que una comunidad ha elevado una teoría a la categoría de verdad evidente, su defensa se vuelve irrelevante y ya no tiene sentido establecer su validez mediante hechos empíricos; pues una vez que una teoría se ha petrificado en un dogma metafísico, siempre posee un enorme poder explicativo para la comunidad de creyentes»[11].
Microevolución y macroevolución
Denton admite que selección natural se ha observado directamente a nivel microevolutivo, es decir, que el análisis de la naturaleza nos muestra cierto grado de evolución, pero no cualquier grado de evolución. «Obviamente, existe una enorme diferencia entre la evolución de un cambio de color en el ala de una polilla y la evolución de un órgano como el cerebro humano, y las diferencias entre las moscas de la fruta de Hawái, por ejemplo, son completamente insignificantes en comparación con las diferencias entre un ratón y un elefante, o un pulpo y una abeja»[12]. No cabe duda de que el éxito del modelo darwiniano para explicar la microevolución puede invitar a la esperanza de que también pueda aplicarse a los fenómenos macroevolutivos, pero es una esperanza sin fundamento. «Las teorías rara vez son infinitamente extensibles»[13]. «El éxito del modelo darwiniano a nivel microevolutivo, y en particular la forma en que lo logró —mediante la rigurosa documentación empírica de eventos evolutivos reales y modelos minuciosamente elaborados que muestran con precisión cómo se produce el proceso de especiación y microevolución— solo sirve para resaltar su fracaso a nivel macroevolutivo»[14].

Registro fósil y el eslabón perdido
Este el argumento común a todos los críticos de la evolución, ya que a su parecer desmonta y desmiente la teoría evolucionista en general. «La práctica ausencia total de formas intermedias y ancestrales en el registro fósil es reconocida hoy ampliamente por muchos paleontólogos destacados como una de sus características más notables […] Los fósiles no solo no han revelado la multitud de formas de transición que exige la teoría de la evolución, sino que, dado que casi todas las especies y grupos extintos descubiertos por la paleontología son bastante distintos y aislados en su aparición, el número de posibles vínculos para unir sus diversas ramas aumenta considerablemente»[15]. 
«Durante el último siglo se ha realizado un enorme esfuerzo para encontrar eslabones perdidos en estas rocas que pudieran salvar las profundas divisiones del reino animal. Sin embargo, nunca se han encontrado eslabones y las relaciones de los grupos principales siguen siendo tan enigmáticas hoy como hace cien años»[16]. 

Otra cuestión que trata Denton, es la relación evolutiva entre las aves y los reptiles, ya que los biólogos evolucionistas aceptan casi universalmente que las aves evolucionaron a partir de los reptiles, y que la pluma evolucionó a partir de una escama de reptil, pero Denton afirma que «la evolución de las aves es mucho más compleja de lo que sugieren. Además del problema del origen de las plumas y el vuelo, las aves poseen otras adaptaciones únicas que también parecen desafiar las explicaciones evolutivas plausibles. Una de estas adaptaciones es el pulmón y el sistema respiratorio aviar»[17]. 
Diseño y complejidad de la vida

Un argumento más de los muchos que Denton expone contra la evolución es la complejidad de lo viviente: la maravillosa e increíble complejidad de los organismos vivos partiendo de su base más elemental como es la célula, cuyo origen es muy difícil explicar, excepto como un milagro inexplicable de la naturaleza, o de un ser superior. De lo infinitamente pequeño a lo inmensamente grande todo parece obedecer a un diseño difícil de imaginar. «La biología molecular ha demostrado que incluso los sistemas vivos más simples de la Tierra, las células bacterianas, son objetos sumamente complejos. Aunque las células bacterianas más pequeñas son increíblemente diminutas, cada una es una auténtica fábrica microminiaturizada que contiene miles de piezas exquisitamente diseñadas de intrincada maquinaria molecular, compuestas en total por cien mil millones de átomos, mucho más complejas que cualquier máquina construida por el hombre y sin parangón en el mundo inerte»[18].

Cuando Darwin propuso que toda la evolución se había producido por la interacción de dos procesos básicos: la mutación aleatoria y la selección natural produjo una conmoción revolucionaria. Donde antes el diseño había sido el resultado de la creación de Dios, ahora se atribuía al azar, tal como expuso en toda su extensión Jacques Monod. 
«La intuición de que el mero azar jamás podría haber alcanzado el grado de complejidad e ingenio tan omnipresente en la naturaleza ha sido una fuente constante de escepticismo desde la publicación de El origen de las especies; y a lo largo del siglo pasado, siempre ha existido una minoría significativa de biólogos de primer nivel que nunca han podido aceptar la validez de las afirmaciones darwinianas. De hecho, el número de biólogos que han manifestado cierto grado de desilusión es prácticamente infinito»[19]. Por lo tanto, la credibilidad de la selección natural se ve debilitada no solo por la perfección que vislumbrados, «sino también por la expectativa de alcanzar profundidades de ingenio y complejidad aún inimaginables»[20].


El azar, considera correctamente

Denton, de ningún modo puede considerarse el agente creativo de la vida. Denton acepta el argumento del diseño de Paley, que podría haber sido un evolucionista teísta si hubiera conocido el darwinismo, al decir del biólogo holandés Gert Korthof, pero reconoce que este es un argumento filosófico de «teología natural», no una explicación científica. En su segundo libro, escrito 30 años después, Evolución: Una teoría todavía en crisis argumentaque los organismos complejos evolucionaron mediante leyes naturales que rigen la autoorganización de la materia. La selección acumulativa, tal como enseña Richard Dawkins y otros darwinistas, no dispone de continuos funcionales para superar las brechas, de modo que las novedades evolutivas se generaron mediante principios epigenéticos y de autoorganización de acuerdo con un marco estructuralista de leyes naturales. «A pesar de los elogios de Paul Davies, George Barrow, Frank Tipler, Martin Rees, John Gribbin y Roger Penrose sobre la idoneidad de la naturaleza para la vida, ninguno de ellos está dispuesto a dar el siguiente paso lógico hacia la nomogénesis (evolución por ley) y la noción de «leyes de la forma biológica». Este fracaso resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta que muchos de estos mismos autores admiten que las explicaciones darwinianas han fallado en ciertas áreas clave, como el origen de la vida. No cabe duda de que el ajuste cosmológico de la vida tal como existe en la Tierra proporciona una sólida evidencia circunstancial, extraída irónicamente de fuera de las ciencias biológicas, para un retorno a la biología estructuralista y a la idea de que el origen y la evolución de la vida estaban integrados en el orden natural desde el momento del big bang»[21].
El ajuste fino de las leyes del Universo

«Si las leyes de la naturaleza están finamente ajustadas para la generación de los tipos, como implicaría una extensión del ajuste fino cosmológico,
y si los homólogos son, en efecto, un conjunto de formas naturales —“entre las cosas básicas que existen”—e inmanentes en la naturaleza, entonces deberíamos esperar que surjan por analogía con las formas inorgánicas, de forma espontánea e “involuntaria”, sin estar especificados en nada parecido a un plan genético. Tanto en la filogenia como en la ontogenia, los homólogos deberían surgir, según principios estructuralistas, de la autoorganización de categorías particulares de materia. Así como un cristal de sal común surge cuando una solución de iones de sodio y cloruro se evapora, un cristal de nieve se forma cuando el agua se congela, o un nuevo átomo surge cuando dos núcleos chocan y se fusionan en el interior de una estrella, así también los homólogos básicos o tipos (los “átomos” de la biología) deberían surgir, desde el nivel celular hasta el orgánico, a partir de las propiedades autoorganizativas de células particulares»[22].

Tres años después de Evolution: Theory in Crisis, Denton se dedica a desarrollar lo apuntado en este libro sobre el ajuste fino del Universo, en su nueva obra El destino de la naturaleza: cómo las leyes de la biología revelan el propósito del universo[23]. «Creo que la evidencia sugiere firmemente que el cosmos es apto únicamente para un tipo de biología: la que existe en la Tierra, y que el fenómeno de la vida no puede manifestarse en ninguna otra química exótica ni en ninguna otra clase de formas materiales. Más radicalmente aún, creo que existe una cantidad considerable de evidencia para creer que el cosmos es apto únicamente para un tipo de vida inteligente avanzada: seres con un diseño y una biología muy similares a nuestra propia especie, Homo sapiens»[24]. Y termina diciendo: «Como espero que la evidencia presentada en este libro haya demostrado, la ciencia, que durante siglos ha sido la gran aliada del ateísmo y el escepticismo, se ha convertido finalmente, en estos últimos días del segundo milenio, en lo que Newton y muchos de sus primeros defensores anhelaban con tanto fervor: la defensora de la fe antropocéntrica»[25].

Dicho esto, es digno de señalar el cambio que se produce entre su primer libro sobre la evolución como una teoría en crisis, a este sobre el destino de la naturaleza. Un cambio sorprende, pues en Nature's Destiny aprueba la evolución que antes reprobaba, aunque sin dejar de ser un decidido antidarwinista. En esta obra acepta uno de los principios fundamentales del evolucionismo: todos los organismos, incluido el Homo sapiens, proceden de un mismo pariente ancestral. Pero lo que realmente le interesa a Denton es el llamado «principio antrópico» aplicado al ámbito de la biología. El principio antrópico viene a decir que las propiedades físicas del universo y sus componentes están increíblemente finamente ajustadas, hasta el punto que si fueran incluso ligeramente diferentes, el mundo sería muy distinto y probablemente no existiríamos[26]. «Si las leyes de la naturaleza están tan finamente ajustadas para facilitar la existencia de la vida en forma de un conjunto único de organismos basados ​​en el carbono, entonces parece concebible que su devenir a través del proceso de evolución también haya sido determinado por la ley natural»[27]. De esta manera, Denton descarta el concepto darwiniano de evolución por selección natural, argumentando que los organismos son tan complejos y están tan finamente adaptados a sus entornos, con adaptaciones tan increíbles, que su evolución solo puede explicarse como un proceso dirigido y con un propósito. Para él, la selección natural y los modelos de evolución no dirigidos no son suficientes.

En su siguiente libro, El milagro de la célula, Denton ahonda en los temas tratados en Nature's Destiny proporcionando pruebas convincentes de que mucho antes de que surgiera la vida en nuestro planeta, el diseño de la célula basada en el carbono ya estaba prefigurado en el orden natural, en la exquisita idoneidad de las leyes naturales para esta unidad fundamental de toda la vida en la Tierra; idoneidad evidente en las propiedades de los principales componentes atómicos de la célula. Cada uno de los átomos de la vida —incluidos el carbono, el hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno, así como varios elementos metálicos— presenta un conjunto de propiedades únicas finamente ajustadas para desempeñar funciones altamente específicas e indispensables en la célula[28]. Después del milagro de la célula pasa a ocuparse del milagro del hombre desde el ajuste preciso de la naturaleza para la existencia humana. En esta obra muestra cómo el cosmos es asombrosamente apto no solo para la vida celular, ni solo para la vida animal basada en el carbono, ni siquiera solo para los animales que respiran aire, sino especialmente para criaturas bípedas, terrestres y tecnológicas con nuestra constitución fisiológica general; el cosmos es específicamente apto para criaturas como nosotros. «Nuestro destino —escribe— estuvo inscrito en la luz de las estrellas y en las propiedades de los átomos desde el principio. Ahora sabemos que toda la naturaleza canta la canción del hombre. Nuestro aparente exilio de la naturaleza ha terminado. Ahora sabemos lo que los eruditos medievales solo creían: que la racionalidad subyacente de la naturaleza se manifiesta en la carne humana. Y con esta revelación, la ilusión de la irrelevancia de la humanidad en el escenario cósmico ha quedado desmentida»[29]. 

Observaciones y críticas

Evolution, A Theory in Crisis, como hemos podido comprobar, abarca desde la paleontología hasta la biología molecular, con incursiones en la historia y la filosofía de la biología, y analizar, aunque sea brevemente, algunos de sus muchos puntos controvertidos, se escapa de nuestra intención —y capacidad. Solo podemos ofrecer algunas observaciones como las que hace el catedrático de genética Javier Novo, cuando nos hace saber que muchos años de investigación han ido revelando el increíble proceso evolutivo. «Hoy contemplamos el proceso de la evolución como una especie de recableado o reconfiguración de las redes genéticas que controlan el desarrollo embrionario; ligeras modificaciones en esa maraña de conexiones tendrán como resultado trayectorias evolutivas separadas, ya que producirán ciertas modificaciones morfológicas, poco evidentes al principio, en los embriones, pero con diferencias manifiestas en los adultos […] La fusión entre biología del desarrollo embrionario y la evolución nos permite vislumbrar la manera de modificar las estructuras enteras a partir de cambios relativamente sencillos»[30].

Describir la selección natural como un proceso puramente aleatorio, refiriéndose al azar como el agente principal de la evolución, distorsiona la teoría genética de poblaciones básica. Tales afirmaciones demuestran una falta de comprensión de las ideas de Darwin y no reconocen una gran cantidad de literatura contemporánea, especialmente los escritos relevantes de Ernst Mayr, quien, sin embargo, es citado dieciséis veces en el índice de Denton con respecto a otros temas. Es un dato comprobable que todos los biólogos de prestigio están de acuerdo en que la selección natural es una de las fuerzas más importantes de la evolución, pero no la única. La vida es información, y esta está contenida en el ADN. Nuestra vida comienza con la entrada de un espermatozoide paterno en un óvulo materno, pero entiendo, como bien precisa Javier Novo, es el genoma del espermatozoide el que realiza la operación[31]. El contenido ADN se va construyendo a lo largo del tiempo geológico. «Lo que Darwin llamó selección natural, ahora podemos expresarlo de forma más precisa: la supervivencia no aleatoria de información que codifica recetas embrionarias para esa supervivencia»[32]. El azar que se da en la evolución hay que entenderlo desde la supervivencia no aleatoria del ADN. La supervivencia no aleatoria del ADN en los cuerpos ancestrales es la forma obvia en la que la información del pasado se graba para su uso en el futuro, y esta es la ruta por la cual se construye la base de datos primaria del ADN»[33].

Respecto a la microevolución y la macroevolución, constatar que los críticos de la evolución niegan la segunda, diciendo que la evolución biológica se limita a pequeños cambios microevolutivos (difícilmente negables) dentro de las especies (o tipos), mientras que la variación en el nivel de los tipos y por encima de ellos —macroevolución— fue creada por alguna entidad divina. Gracias al estudio de los registros paleontológicos y las comparaciones de ADN de organismos vivos, sabemos que a lo largo de la historia han ocurrido eventos que han transformado significativamente la vida en la Tierra. El ejemplo más conocido es probablemente la explosión cámbrica, durante la cual los animales marinos con simetría bilateral alcanzaron rápidamente la diversidad moderna en forma, función y riqueza de especies en pocos millones de años, o incluso la superaron temporalmente.En el marco de la síntesis evolutiva moderna a menudo se encuentra la visión de que los eventos macroevolutivos son exclusivamente el resultado de procesos microevolutivos. Según esta perspectiva, los procesos microevolutivos no solo influyen en la evolución a largo plazo, sino que son los únicos procesos que intervienen en la macroevolución. La macroevolución se convierte simplemente en una etiqueta para el estudio de fenómenos evolutivos a largo plazo[34]. 

Tocante a la polémica del registro fósil como unos argumentos más sólidos contra la evolución, Dawkins responde provocativamente que «la evidencia de la evolución estaría completamente a salvo incluso si no se hubiera fosilizado ni un solo cadáver»[35]. Hoy disponemos de grandes filones de fósiles y cada día se descubren más, pero es cierto que hay saltos en el registro fósil, a los que se agarran los críticos de la evolución, ignorando, o dejando a un lado, un dato que cambia toda la perspectiva. «Todos los fósiles de que disponemos, y realmente hay muchos, se localizan, sin una sola excepción verificada, en la secuencia temporal correcta. Sí, hay saltos cuando no hay fósiles de ningún tipo, y eso es lo que cabría esperar. Pero si un solo fósil ha sido encontrado antes de cuando podía haber vivido. […] La evolución podía ser fácilmente refutada si apareciera un solo fósil en el orden temporal incorrecto»[36].




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[1] El caso típico del flagelo bacteriano propuesto por Behe como ejemplo irrefutable de «complejidad irreductible», ya fue apuntado por Denton en el mismo sentido: «El flagelo bacteriano y el motor rotatorio que lo impulsa no se desarrollan gradualmente a través de una serie de estructuras intermedias y, como suele ocurrir, resulta muy difícil imaginar una secuencia evolutiva hipotética de rotores más simples a través de la cual pudiera haber evolucionado gradualmente» (Michael Denton, Evolución, una teoría en crisis, pág. 225. Adler & Adler Publishers, 1986].
[2] Michael Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 15. Adler & Adler Publishers, Londres 1985.
[3] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 56.
[4] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 60.
[5] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 66.
[6] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 67.
[7] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 358
[8] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 70.
[9] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 71.
[10] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 75.
[11] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 76.
[12] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 87.
[13] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 92.
[14] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, pp. 344, 345.
[15] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, pp. 165-166.
[16] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 186.
[17] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 210.
[18] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 250.
[19] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 327.
[20] Denton, Evolution: A Theory in Crisis, p. 342.
[21] Denton, Evolution: Still a Theory in Crisis, p. 218. Discovery Institute Press, Seattle 2016.
[22] Denton, Evolution: Still a Theory in Crisis, pp. 218-219. 
[23]El ajuste fino de las constantes físicas del Universo se ha convertido en uno de los argumentos centrales de todos los defensores del creacionismo y del diseño inteligente, y del teísmo en general.
[24] Denton, Nature's Destiny: How the Laws of Biology Reveal Purpose in the Universe, p. xiii. Free Press, Nueva York 1998.
[25]Denton, Nature's Destiny, p. 389.
[26] Véase A. Ropero, El principio antrópico y el lugar del hombre en el universo, https://www.pensamientoprotestante.com/2020/06/el-principio-antropico-y-el-lugar-del.html 
[27] Denton, Nature's Destiny, p. xiv
[28] Denton, The Miracle of the Cell. Discovery Institute Press, Seattle 2020.
[29] Denton, The Miracle of Man: The Fine Tuning of Nature for Human Existence. Discovery Institute Press, Seattle 2022.
[30] Javier Novo, Evolución. Para creyentes y otros escépticos, pp. 74-75. Rialp, Madrid 2018.
[31] Javier Novo, Genes, microbios y células, p. 39. RBA, Barcelona 2011.
[32] Dichard Dawkins, Evolución. El mayor espectáculo sobre la tierra, p. 358. Espasa-Calpe, Madrid 2009.
[33] Dawkins, Evolución, p. 359.
[34]Dawkins, El fenotipo extendido. El largo alcance del gen. Capitan Swing, 2017. 
[35]Dawkins, Evolución, p. 137.
[36]Dawkins, Evolución, p. 139.



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Alfonso Ropero, historiador y teólogo, es doctor en Filosofía (Sant Alcuin University College, Oxford Term, Inglaterra) y máster en Teología por el CEIBI. Es autor de, entre otros libros, Filosofía y cristianismo, Introducción a la filosofía, Historia general del cristianismo (con John Fletcher), Mártires y perseguidores y La vida del cristiano centrada en Cristo.






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