Observaciones generales
La Reforma del siglo XVI fue de tal magnitud y se extendió por tantos países europeos que no podía ser la obra de un solo hombre o de un grupo de hombres. Los movimientos reformistas fueron tan espontáneos e independientes unos de otros, por lo que era imposible conseguir entre ellos unanimidad de doctrinas y de organización. Los adeptos que se congregaban con los distintos líderes reformistas aceptaban las ideas de estos, siguiendo sus orientaciones. De ahí que un grupo hiciera mucho énfasis sobre unos puntos doctrinales y otros grupos sobre otros puntos.
Fueron muchas las tentativas reformistas antes de los días de Lutero. El hecho es que al primer grito o protesta de Lutero o Zuinglio contra los abusos de Roma, de repente aparecieron creyentes sinceros y entusiastas que se colocaron al lado de estos dos grandes reformadores, esperando que estos realizasen una completa restauración del cristianismo primitivo.
Después, convencidos de que estos movimientos políticos y eclesiásticos eran incapaces de hacer una obra completa, unos quedaron satisfechos con una reforma a medias, pero muchos otros, más exigentes, se separaron de ellos y se organizaron en iglesias compuestas, tanto como humanamente era posible, de elementos regenerados, bautizando mediante profesión de fe en Cristo como su Salvador.
A este respecto, junto a estas reformas magisteriales clásicas (Lutero, Zuinglio, Calvino, anglicanismo) en la Europa del siglo XVI, surgieron también otros movimientos o distintas expresiones de lo que se ha venido a denominar “Reforma Radical” (la palabra "radical" procede del Latín y se refiere a "raíz"), teniendo como propósito hacer que la Iglesia Cristiana, de ese tiempo, volviera a sus "raíces".
A partir del siglo XVI, se ha considerado generalmente que el cristianismo occidental estaba compuesto por dos grandes bloques, el Catolicismo romano y el Protestantismo clásico. Sin embargo, los historiadores han ido reconociendo cada vez más la existencia de “una auténtica tercera fuerza”, comparable a las otras dos, surgida como algo nuevo y distintivo, aunque íntimamente relacionada con la Reforma: Los Anabautistas y la Reforma Radical.
Breve esquema de la Reforma Radical
La Reforma radical del siglo XVI, fue un movimiento muy diverso y plural, denominado por algunos autores, “Hijastros de la Reforma”, o “A la Izquierda de la Reforma” o “la Cuarta Reforma”, o "fanáticos" y aún, "bolcheviques del siglo XVI".
Antes de tratar la esencia del anabautismo es necesario clarificar ciertos grupos de este movimiento multifacético en general. Los profesores A. H. Newman, George H. Williams, John H. Yoder, William R. Estep, etc. han desarrollado ciertas clasificaciones de estos grupos para un mejor entendimiento del radicalismo. Nosotros, conjugando estas clasificaciones, consideramos que la Reforma Radical estaba compuesta de al menos, cuatro grupos claramente distinguibles, y que pasamos a continuación sintéticamente a describir, a fin de dejar claro quienes realmente podemos decir que pertenecían al grupo de los Anabautistas:
1. Los Espiritualistas o Inspiracionistas. No eran Anabautistas. Para ellos, la Biblia no constituía su autoridad máxima, sino que tenían al Espíritu como base de su autoridad particular. De esta forma, la inmediata iluminación por el Espíritu se transformó en la norma del programa reformador de los inspiracionistas.
Se manifestaban en cuatro formas:
1) Los Revolucionarios originados en la predicación y bautismos de adultos realizados por el tejedor Nicolás Storch y sus compañeros Tomás Dreshel y Marcos Stübner, que seguían un espíritu impulsador, eran quiliastas fanáticos (que seguian las doctrinas del milenarismo), iconoclastas violentos, profetas apocalípticos y guerreros políticos. Su prototipo será Tomas Müntzer (1489-1525), que participó en la lucha de los campesinos contra los terratenientes feudales. Estos finalizaron con la muerte de Thomas Müntzer.
2) Los Pietistas o espiritualistas evangélicos que seguían un espíritu iluminador. Enfatizan experiencia tangible del corazón. El orgullo del "yo" es quebrantado. Se subraya la autenticidad de la decisión personal interior y se desvalorizan las manifestaciones externas e institucionales tales como la Iglesia, como comunidad humana. Su prototipo es Caspar Schwenckfeld (1489-1561). A veces se acercan al racionalismo, pero esencialmente eran más místicos que especulativos, enfatizando la piedad personal. Eran individualistas y quietistas. Buscaban la vía media para todo.
3) Los Místicos o espiritualistas racionalistas que seguían un espíritu unificador. Sebastián Franck (1499-1542) sería su prototipo. Se basaban más en el espíritu humano que en el Espíritu Santo. Aquí el Espíritu es el conocimiento de Dios en el hombre (en lugar de venir desde afuera). La dualidad Dios-hombre y la tensión Espíritu-razón están superadas, desestimadas. Resaltaban los aspectos universales del cristianismo.
4) Espiritualistas especulativos. Sus preocupaciones se expresaban en términos metafísicos o cosmológicos. Ejemplo de esta posición es Paracelso, su prototipo, que desarrollo el concepto de la carne celeste de Cristo con que se nutren los cristianos. Llegando algunos de sus planteamientos a ser similares al panteísmo, convirtiéndolo en una especie de filosofía cósmica.
2. Los Racionalistas (Unitarios). Que tampoco eran Anabautistas. Reconocían la piedad natural y la razón como sus bases de autoridad. La Biblia se sometía a la autoridad de estas. Su doctrina principal fue el antitrinitarismo, pero ello sobre la base de que eran racionalistas y no al revés. Por eso la razón y no la Escritura o la revelación especial fue para ellos la fuente de autoridad última.
Sus representantes más singulares serán Miguel Servet (1511-1553), Simón Budny y Gregorio Paulo, Faustino Socino (1539-1604), Ferenc David y las iglesias unitarias de Hungria y Transilvania y más tardíamente Bernardino Ochino (1487-1564), etc., quienes, por cierto, eran mucho más evangélicos, al menos en ciertos aspectos, de como se les ha presentado.
3. Los Entusiastas. (El término viene del griego y significa literalmente "poseído por un dios”. Aquellos que pretenden poseer un mensaje, un poder concreto o una presencia particular independientemente de los medios convencionales de las Escrituras y de la comunidad de fe. Se distingue del Espiritualismo en que la revelación que se pretende recibir busca una expresión visible. Los Entusiastas se oponen tanto a los Anabautistas como a los Reformadores oficiales, pues ambos requieren las Escrituras y la conformidad de la comunidad de fe. Mientras que la clave hermenéutica del "entusiasta" es privada.
1) Entusiastas pacientes o sufrientes. Esperan pacientemente una manifestación escatologica sin pretender iniciar por sus propios esfuerzos, ni el poder de otros, el nuevo mundo que esperan. Ejemplos de esta posición son Melchor Hofmann, y tal vez también Juan Hut.
2) Entusiastas violentos o revolucionarios. Cayeron en el error de sostener una hermenéutica equívoca, un quiliasmo fanático y sin riendas, y un espiritualismo profético. Estos pretenden mover hacia el nuevo orden, iniciándolo por sus propios medios. Se conciben a sí mismos como agentes escogidos para el establecimiento del nuevo orden y su visión social es "oficialista o "teocrática". Su verdad se impone sobre los débiles y se destruyen a los impíos. Para ellos el Espíritu tenía preferencia sobre la Biblia. De esta forma, la inmediata iluminación por el Espíritu se transformó en la norma del programa reformador de los inspiracionistas.
Sus prototipos serán los fanáticos de Munster en Westfalia (Juan Matthys, Juan de Leyden, etc.).
4. Los Anabautistas. Eran biblicistas. Enseñaban que el Nuevo Testamento constituía la base de autoridad para todo cristiano. Formaban iglesias, comunidades de creyentes visibles, creando una comunidad distinta, voluntaria, ordenada, capaz de sobrevivir "contra la corriente” sin depender del poder civil. Esta fue la opción de los Anabautistas Eclesiásticos o Evangélicos.
Se dividirán en:
1) Los Contemplativos. Representan el punto medio entre los anabautistas. Eran quietistas. Restaban importancia al Cristo histórico y sus ordenanzas. Su “espíritu guiador” era el Cristo interior, que identificaban con la “palabra interior” (conciencia) que es común a todos los hombres, buscaban dentro de sí mismos el testimonio y la iluminación del Espíritu. Su prototipo fue Juan Denck (1495-1527).
2) Los Evangélicos o bíblicos. Que surgieron primero en 1525 en Zúrich y se extendieron luego a Austria, Alemania, Holanda y Polonia. Su autoridad era la Biblia. Enseñaban que el Antiguo Testamento tenía que ser interpretado a la luz del Nuevo; no querían reformar la Iglesia, sino restaurarla a la luz de la iglesia primitiva neotestamentaria; destacaban la naturaleza voluntaria de la fe y la práctica de la religión. Su separatismo fue esencial (entre Iglesia y Estado; el discipulado, etc.).
Sus exponentes más destacados fueron Conrad Grebel (1498-1526), Baltasar Hubmaier (1481-1528), Miguel Sattler (1490-1527), Pilgram Marpeck (1495-1556), Jacob Hutter (1500-1536), Menno Simons (1496-1561), etc. Tenían sus principios distintivos y eran una comunidad reconocida mucho antes de que Zuinglio llegara a Einsieden.
De los anabautistas evangélicos surgieron tres agrupaciones principales.
a) Los Hermanes Suizos. Siguieron la linea básica de Grebel, Sattler, etc., y fueron consolidados por Hubmaier y Marpeck. En términos de extensión geográfica se extendieron desde el Tirol y Moravia hasta el Palatinado y desde Berna hasta Hesse.
b) Los Hutteritas. Surgieron del grupo no-resistente de los Anabautistas en Moravia. En su pobreza debida a la persecución instituyeron una comunidad de bienes. Y esta práctica que surgió en una emergencia, llegó a convertirse en una convicción básica.
c) Los Menonitas. Originalmente compuesto de discípulos desilusionados de Melchor Hofmann y la tragedia de Munster, el movimiento fué organizado en forma congregacional viable por los Hermanos Suizos mayormente por la seriedad de disciplina y autoridad eclesiásticas. Posteriormente los dos grupos llegaron a fusionarse.
El descuido al distinguir entre inspiracionistas, racionalistas, entusiastas y anabautistas, ha conducido a una grave falta de comprensión de la Reforma Radical. El anabautismo tenía mucho en común con los otros grupos, pero eso no quiere decir que no hubiera profundas e irreconciliables diferencias.
De los diferentes grupos radicales fueron los anabautistas quienes más seguros estuvieron de poder reproducir la estructura de la cristiandad apostólica a partir del Nuevo Testamento, complementado con textos que ellos consideraban comparables en antigüedad, o dotados simplemente de autoridad.
Los anabautistas fueron perseguidos cruelmente, tanto por los católicos como por los protestantes, porque tuvieron el valor de llevar a una conclusión lógica la doctrina de la justificación por la fe, predicada por Lutero y otros reformadores. Los católicos de entonces decían que la reacción de los anabautistas era el resultado legítimo de la revuelta protestante contra Roma.
Estos disidentes fueron conocidos como anabautistas, aunque el nombre no fue escogido por ellos, ni tampoco les era muy apropiado. Protestaban contra tal apodo, alegando que no rebautizaban a los que ingresaban en sus filas, pues según su manera de ver, los que recibían el rito bautismal antes de ser convertidos, bíblicamente no estaban bautizados; que el bautismo es sólo para los creyentes y no para hacer a nadie creyente.
Los anabautistas del Siglo XVI han sido calificados como marginales, heterodoxos, revolucionarios y heréticos. Nos distanciamos de este juicio porque, aunque puede ser atractivo en el panorama religioso actual, asume una lectura desde el centro y la ortodoxia. Creemos que sería más justo verlos en lo que ellos mismos pretendieron ser, refundadores de la iglesia neotestamentaria ante el descarrilamiento de la cristiandad católica y protestante.
En general, los integrantes del movimiento se referían a sí mismos como Brüder (Hermanos) –o posteriormente con términos más descriptivos tales como Täufer (bautizadores) o Taufgesinnten / Doopsgezinde (favorecedores del bautismo)– dado que, según su criterio, no estaban “rebautizando”, sino más bien bautizaban correctamente por primera vez.
Aunque esta tentativa, surgida en el siglo XVI, de conformar la iglesia a las normas del Nuevo Testamento, es generalmente designada por anabautismo o movimiento anabautista, con todo, la cuestión del bautismo de ninguna manera fue la cuestión vital del movimiento. Sus antagonistas los llamaron anabautistas, es decir, rebautizadores. Pero este nombre no estuvo muy acertado, porque ellos negaban la validez del bautismo en la infancia.
El primer y principal fin de los radicales (refiriéndose a los anabautistas), no era, como generalmente se afirma, oponerse al bautismo infantil, sino establecer una iglesia pura, compuesta de convertidos, en oposición a una iglesia mezclada con el mundo. El rechazamiento del bautismo infantil seguía como una consecuencia necesaria. No se dieron por satisfechos con sólo separarse del Catolicismo Romano; insistían en la separación de los impíos.
La verdadera divergencia entre los anabautistas y los demás reformadores versaba sobre la cuestión del tipo de iglesia que debería sustituir a la Iglesia Católica: Los reformadores pretendieron reformar la vieja Iglesia Romana por la Biblia. Los radicales intentaron construir una nueva Iglesia sobre la Biblia. El célebre profesor Adolfo Harnack, decía que: “Los anabautistas estaban trescientos años adelantados a su tiempo”.
Los anabautistas evangélicos sostenían y practicaban que las iglesias del Nuevo Testamento eran unas comunidades voluntarias de personas que habían sido transformadas por medio de la acción del Espíritu Santo a través de una experiencia de gracia, siendo el bautismo la manifestación pública, el símbolo y sello de su fe y de su regeneración. De aquí surgirá la necesidad de bautizar a los creyentes, y por otra parte, acentuarán su concepción de la separación de la Iglesia y el Estado, que serán dos de sus características más destacadas, y cuyo legado hoy sigue distinguiendo también a los evangélicos españoles.
Los anabautistas buscaban llevar a cabo reformas en la línea de una mayor pureza bíblica y de un cristianismo libre de todo maridaje, voluntario, fraternal y comunitario. Así lo considera el profesor La Verne: “El nacimiento del anabautismo fue resultado de nuevas perspectivas teológicas y sociales. Teológicamente, representa una renovación de la fe neotestamentaria profética y un rechazo del énfasis medieval sobre lo sagrado”.
Sostenían, por otra parte, el principio de la libertad religiosa y la no violencia por razón de conciencia. Los Anabautistas fueron el único movimiento reformador que defendía consistentemente la libertad de fe, la separación de la Iglesia y Estado, y la tolerancia de divergencias en asuntos religiosos. No produjeron ninguna literatura extensa en defensa de su posición (dado que no tuvieron ni el tiempo ni la oportunidad, a causa de la permanente persecución, por todos los frentes, a que fueron sometidos) pero desde el mismo comienzo del movimiento dieron un testimonio constante de sus fuertes convicciones en estos grandes principios.
Lucharon incesantemente por la paz y contra la confrontación por motivos religiosos y por el cese de la quema de herejes, todo ello, con el fin de que llegara definitivamente el cristianismo a convertirse en una religión libre. Ya sólo de por sí este papel justificará estas reclamaciones y mostrará que la posición anabautista sobre la libertad religiosa y de conciencia se derivará no de unas meras consideraciones prudenciales racionales o éticas, sino de su visión central de la propia naturaleza del cristianismo.
Al contrario de algunos que dan a entender que los anabautistas eran pocos y fanáticos, hay pruebas abundantes para afirmar que ellos eran numerosos, ampliamente esparcidos por distintas partes, e infatigables; que sus principales líderes no eran inferiores en saber y elocuencia a ningunos de los otros reformadores; que sus enseñanzas eran coherentes y moderadas, excepto en los casos en que las persecuciones producían el resultado común del entusiasmo que raya en extravagancia.
Aunque la gran contribución que hicieron los anabautistas como precursores y primeros luchadores por la conquista de la libertad religiosa aún no haya sido debidamente reconocida, sin embargo, algunas de las doctrinas predicadas por ellos con sacrificio de sus propias vidas, doctrinas que antes fueron despreciadas, rechazadas y estigmatizadas de herejías, hoy son realidades en los países civilizados. Las ideas anabautistas en cuanto a la tolerancia religiosa y la separación de la Iglesia y el Estado, son generalmente aceptadas, aunque no siempre puestas en práctica.
Los historiadores identifican cuatro ramas anabautistas principales:
1) los hermanos suizos,
2) los anabautistas del sur de Alemania/Austria,
3) los huteritas comunitarios y
4) los menonitas holandeses.
Este es un capítulo del libro Los Anabautistas del siglo XVI, Editorial Sola fide, 2024.
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Manuel Díaz Pineda. Doctorado en Ciencias de las Religiones, de la Universidad Complutense de Madrid, es Rector y Profesor de la Facultad Teológica Cristiana Reformada.
Cursó estudios teológicos en el Seminario Teológico Bautista Español (Madrid), en el Seminario Bíblico Latinoamericano, San José (Costa Rica), en la American World University (USA), en la California Christian University (USA).
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