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¡No necesito un templo! - Por Ramón A. Pinto Díaz



Luego de meses de pasar de la cama de mi casa a la cama de un hospital, pude apreciar la importancia del afecto y la preocupación de quienes compartían mi fe. Claro está que mi amada esposa y familia, se sacrificaron mucho para entregarme las mayores y más generosas atenciones para mi bienestar. Junto a ellos amigas y amigos con quienes compartimos el caminar se daban el tiempo y la molestia de apartar un momento en su agendas para visitar a este frágil y complicado enfermo.

Dolores, tratamientos complejos y un mundo de incertidumbres, pueden llevar a cualquier ser humano a la demencia total. Pero sentir la compañía de Dios, el apoyo de mi familia y la contención cristiana de las amistades hicieron posible salir adelante en fe, convicción y esperanza.

De pequeño escuchaba a algunas personas que había que ir a la iglesia para "estar" con Dios. Y pese a mi inocencia infantil y una imaginación muy enriquecida, no podía entender que alguien tan grande, solo pudiera estar encerrado en cuatro paredes. Pero mi querida madre siempre me insistió que Dios estaba en todos lados, por lo que no íbamos a un templo para estar con Dios, sino para que junto a otras personas, compartiéramos de las maravillas que Dios hace diariamente en nosotros. La convicción de mi madre se convirtió en un pilar para mí, entendí el vinculo relacional con Dios, independiente del lugar dónde estemos.

»Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo. (Juan 17:24)

Cristo quiere que estemos con él donde él se encuentre, no donde queremos que él esté...

Hay una gran diferencia sobre quién es Dios, cuando logramos entender esta realidad en lo cotidiano y doloroso que enfrentamos a diario. En mi caso, he podido ver a Cristo en un centro oncológico. Allí, en esas habitaciones aisladas donde nadie más puede entrar. He visto y sentido su presencia y su consuelo. Pero también he sido testigo de cómo Cristo está con otros que sufren, desesperan y se quiebran. He podido ver que pese a que el dolor persiste, una mano mística ha venido en socorro y acogida. Precisamente cuando otros miraban los flashes, las cámaras y las multitudes de la inmediatez.



De mi propio proceso y de lo que otros me han testificado, Cristo sin duda habita en medio nuestro... pero no donde lucran con él... sino donde es necesitado, anhelado y esperado.

»No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. (Juan 17:20‭-‬21)

¿De qué sirve esta bella realidad si no todos buscamos lo mismo?

Cristo estaba muy consciente que sus seguidores tendrían graves problemas de unidad. Le bastaba ver a sus discípulos y los Doce pelear por todo para reconocer y aceptar que la polémica, la división y la ofensa estarían presente en medio de ellos siempre.



Al fijarnos en la comparación de unidad que hace Jesús, entre el Padre y el Hijo. Vemos que no alude al amor que se profesan, a la tolerancia que se tienen o a la visión conjunta de la eternidad. Jesús alude a su naturaleza. Somos uno por naturaleza, se le dice al Padre. La Iglesia está destinada a la unidad... por naturaleza fue creada para esa unidad. Por tanto, todo lo que atente contra esa unidad se enfrenta a Dios mismo...

Todo dogma, teoría, tradición o costumbre que atenta contra la unidad de la Iglesia, es imposible que provenga de Dios... Dios no atenta contra sí mismo... Por 2.000 años hemos dejado que la pasión, la lógica y otras palabras "clichés" rijan sobre su iglesia... ¿Será ya tiempo que la aspiración máxima sea la unidad? Sin duda para Cristo así es...

Ese día los templos cerrarán y nos reuniremos en comunidades de fe bajo las estrellas, a los píes de los montes y al borde de los ríos. Cristo presente se manifestará en cada recóndito lugar donde su nombre es pronunciado, orado y adorado... Ya no se necesitarán templos... la Tierra misma será el punto de encuentro entre el creador y su creación...

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