Un hombre, una vocación, una vida (en reconocimiento) - Por Juan María Tellería



Alguien ha dicho que en este mundo siempre ha habido, hay y habrá, dos clases de personas: las que pasan por él de manera completamente desapercibida, excepto, claro está, para sus familiares, amigos y allegados más próximos, y las que dejan huella, es decir, las que marcan de manera indeleble a muchas otras, yendo más allá de sus entornos familiares o inmediatos. Dentro de esta segunda clase ocupa un lugar muy señalado en el panorama protestante y evangélico español, además de con todos los honores, el doctor d. José Manuel Díaz Yanes.


“Maestro de maestros” le han llamado; “columna vertebral del Centro de Investigaciones Bíblicas (CEIBI)”; “infatigable investigador”; “impulsor de la docencia teológica evangélica en España”, etc. No les falta razón a quienes así lo han designado. Su currículum académico y profesional ocupa bastante más espacio que el de la mayoría y resulta admirable por la profusión de títulos y diplomas obtenidos, así como por la abundancia de artículos, colaboraciones y obras publicadas en muy diversos medios, religiosos y profanos, con afán divulgativo al mismo tiempo que con un innegable rigor académico. Pero, como sucede siempre con los hombres más grandes, lo que resalta en él es su profunda sencillez, su humildad, su trato afable y cariñoso, envuelto en ese dulce acento de las Islas Afortunadas que es el suyo.


Por decirlo en pocas palabras, el doctor d. José Manuel Díaz Yanes es un siervo de Dios que ha hecho del servicio a su Señor y a la Iglesia la clave de su vida, la razón de ser de su existencia. Más aún, que ha sabido contagiar a muchos otros ese mismo “virus”, de lo cual dan testimonio hoy los innumerables graduados del CEIBI a lo largo de más de treinta años de trayectoria —el autor de estas líneas es uno de ello—, por no mencionar, aunque sea de pasada, la ingente familia de estudiantes de esta institución que hoy, ahora mismo, siguen estudiando y preparando materias para ser evaluadas y puntuadas cumpliendo con todos los requisitos que el Centro de Investigaciones Bíblicas exige.




Si tuviéramos ahora que destacar una faceta del amplio ministerio de servicio en el que d. José Manuel Díaz Yanes ha empeñado toda su vida, y continúa en ello, es el vasto y arduo mundo de la docencia teológica, de la preparación ministerial. Formó parte de una generación de visionarios (en el buen sentido de la palabra) que allá por los años 80 del siglo pasado entendieron la necesidad de una educación teológica de calidad y que estuviese al alcance de cuantos la desearan o necesitaran para ejercer el ministerio pastoral en las distintas iglesias y comunidades protestantes y evangélicas de España o de otros lugares en los que se habla la lengua de Cervantes. Y durante todo este tiempo él ha proseguido en la dura lid de, no solo impartir, sino también organizar, estructurar y administrar esa docencia teológica, combatiendo arduamente por hacer del CEIBI lo que hoy es, una institución de muy alto prestigio académico.


Cuando decimos “lid” o “combatir”, no estamos empleando metáforas ni figuras alegóricas por puro preciosismo literario. Intentamos únicamente describir una realidad demasiadas veces marcada por incomprensiones, por no hablar de críticas despiadadas, ataques injustificados hijos de la ignorancia, el fanatismo, la cerrazón mental, conceptos que en muchas ocasiones solo tapan, y muy mal, por cierto, ese sentimiento tan negativo que se llama envidia. Siempre resulta más fácil denostar la labor de un gran hombre que emularla; para lo primero no se necesita ni siquiera una inteligencia mínima, para lo segundo una gran dedicación, una preparación intelectual y espiritual fuera de lo común, todo ello obedeciendo a lo que en nuestro idioma llamamos vocación.


José Manuel Díaz es uno de los colaboradores de esta obra

En efecto, y por no prodigarnos, es con este concepto de vocación con el que se resume la vida y la trayectoria de d. José Manuel Díaz Yanes. Vocación, conforme a su etimología latina, significa llamado, y en este caso concreto, llamado divino. Dios llama y el hombre responde. Así ha sido siempre, y así lo será hasta la consumación de los siglos. D. José Manuel Díaz Yanes recibió ese llamado en su juventud y en el día de hoy continúa en la misma línea, fiel a quien lo llamó, haciendo frente a vientos y mareas, pese a las tormentas y los huracanes, pero siempre con la mano en el timón.


Visto lo cual, solo podemos decir desde lo más profundo de nuestro corazón: gracias, d. José Manuel. Y desde luego, no dejamos de agradecer a Dios nuestro Señor el habernos permitido conocer personalmente al dr. Díaz Yanes y aprender de él, al mismo tiempo que le pedimos lo guarde y lo siga guiando durante muchos años más en esta tan noble labor de la docencia teológica y ministerial.

SOLI DEO GLORIA



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Juan María Tellería es Licenciado en Filología Clásica y en Filología Española. Diplomado en Teología por el Seminario Bautista de Alcobendas (Madrid), Licenciado en Sagrada Teología y Magíster en Teología dogmática por el CEIBI. Profesor y Decano Académico del Centro de Investigaciones Bíblicas (CEIBI). Es presbítero ordenado y Delegado Diocesano para la Educación Teológica en la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE).





 

  




Comentarios

  1. Ante la lectura que me acompaña esta mañana al abrir por unos segundos "Facebook ", no puedo sino secundar todo lo que el hermano Tellería ha vertido y genialmente expresado sobre nuestro hermano, Doctor José Manuel Díaz Yanes. Un hermano con un llamado a servir desde la sencillez com una vocación bien marcada de leer, releer y seguir leyendo para "apuntalar" bien lo relativo a la calidad de la docencia teológica que puso en marcha hace la friolera de más de 35 años...en la que, como siempre suele pasar, "nadie es profeta en su tierra " y fuera de la isla a la cual ama, Tenerife, ha tenido que ser más reconocida su labor desde las entrañas del CEIBI. En éste puso su corazón y su alma para ayudar y seguir ayudando a cientos de personas que por causas económicas y de tiempo, no podían acudir a ciertas Facultades. El CEIBI les proporcionó esa salida sólida y saludable para su preparación.
    Es pues, orgullo el que tengo de haber estado (y seguir estando) al lado de este hombre que me tendió su mano siempre y me concedió su amistad sin pretensiones y creyó en mí desde siempre. A él le debo mucho y más. Él es amigo de sus amigos. La honra debe ser dada aquí y ahora mientras tenemos un poco de aire. La gratitud también escrita aquí (él sabe cuántas veces se las he dado), el reconocimiento a su inmensa labor, también.
    El listón lo puso alto para sostener una entidad académica A Distancia como el CEIBI sin medios económicos ¡Sólo la gracia de Dios y su misericordia sabe de ello en cómo nos ha sostenido! Gracias, estimado hermano. Bendito Tú, Padre Eterno por siempre porque la Gloria es para ti en tu siervo.

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