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Cristianismo, fariseísmo, pastores y ovejas - Por Alberto Hernández


Observo con cierta inquietud cómo en las últimas décadas se va reduciendo el número de cristianos en nuestra vieja España. En realidad, muchos de los censados como católicos, no lo eran. Habían sido bautizados cuando no tenían capacidad de elegir y, en época franquista, se habían visto obligados a fingir su pertenencia al catolicismo. Ese tipo de personas, por suerte ya son libres de expresar sus creencias o increencias al margen de esta institución, mientras que los censos y asistencia a las celebraciones cristianas van siendo más coherentes con la realidad. Pero no es eso lo que me inquieta. Conozco personas que buscaban una vida espiritual dentro del cristianismo y que han huído hacia otras opciones religiosas. Personas que no han encontrado el alimento espiritual que esperaban en el cristianismo. Que se han ido sin saber siquiera qué es. Que creen que el cristianismo consiste en cumplir con una serie de ritos y mandamientos, con el objetivo de ganarse la entrada a un cielo de ultratumba. Que observan cómo hay quienes utilizan la celebración del perdón como lavadora mágica de culpas y delitos para seguir con su actitud culposa y a veces delictiva, con la torticera idea de que pueden burlar la justicia divina. Que les da la impresión de que a Dios le importa más nuestra vida íntima que la necesaria solidaridad entre sus hijos más afortunados y los más desfavorecidos. Que ven cómo las celebraciones, ¡las fiestas!, se convierten en obligaciones, bajo amenaza de castigo eterno. Que ven cómo algunos buscan la misa más corta y menos aburrida para poder cumplir con el mandamiento, al menor coste de tiempo y con el menor fastidio. Que encuentran mejor acogida y más fraternidad en colectivos aconfesionales de corte humanista que en nuestras viejas instituciones cristianas.

Conozco personas que buscaban una vida espiritual dentro del cristianismo y que han huído hacia otras opciones religiosas. Personas que no han encontrado el alimento espiritual que esperaban en el cristianismo. Que se han ido sin saber siquiera qué es.

Por desgracia para nuestros hermanos judíos, los cristianos hemos creado injustamente una sinonimia entre fariseísmo e hipocresía, cuando en realidad las actitudes hipócritas que les atribuían algunos pasajes evangélicos, con intención profética, se repiten ahora en muchos ámbitos del cristianismo.

Se supone que cristiano es el que sigue los pasos de Cristo. ¿Dónde están los cristianos que se dedican a levantar al que se ha derrumbado, los que ayudan a recuperarse al que ha caído enfermo, los que acogen al rechazado, los que invitan al banquete de Dios, a su fiesta? Sabemos que estos cristianos existen. ¿Por qué no se les da visibilidad? ¿Por qué no se utilizan las infraestructuras existentes para crear un clima de fraternidad? ¿Por qué nos empeñamos en conservar esta espiritualidad medieval, individualista, egoísta y egocéntrica,  cuya prioridad es MI propia salvación, en primera persona? ¿Por qué este interés en mantener la fractura entre entidades sacras y seculares?

En la actualidad, ya no es posible seguir manteniendo una comunidad de fe basada en el miedo, ni siquiera amenazando con un castigo eterno en un hipotético infierno. Se debe rescatar la Buena Noticia, que es de alegría, de banquete, de fiesta compartida, en esta vida antes que en la próxima, donde los caídos se levantan, los atemorizados hablan, los cegados ven la luz de Dios, los zancadilleados tienen una segunda oportunidad, los diáconos rescatan su vocación de servicio y los obispos reviven sus orígenes como protectores y guías activos en el crecimiento espiritual de la comunidad.

 ¿Dónde están los cristianos que se dedican a levantar al que se ha derrumbado, los que ayudan a recuperarse al que ha caído enfermo, los que acogen al rechazado, los que invitan al banquete de Dios, a su fiesta? Sabemos que estos cristianos existen. ¿Por qué no se les da visibilidad? ¿Por qué no se utilizan las infraestructuras existentes para crear un clima de fraternidad? 


Con pena, veo cómo se sigue intentando acallar las voces críticas que proponen alternativas, como si desde la jerarquía tuviesen en mente mejores propuestas que por alguna extraña razón no dan a conocer. Muchos esperamos que reaccionen antes de que sea tarde, no vaya a ser que se acaben quedando solos, pastores en paro, buscando alguna oveja a la que pastorear.

Publicado originalmente en El Búho de la ría


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