Los virus del Edén, ¿qué tiene Dios que ver con todo esto? (1ª parte)- Por Alfonso Ropero

El mundo moderno estaba tan confiado en su economía de crecimiento ilimitado, en avance y progreso en todos los campos de la tecnología, las comunicaciones, la ciencia y la medicina, que la actual pandemia del coronarivus ha sido como una bofetada en su primera línea de flotación. De golpe, calles vacías y hospitales abarrotados; actividad laboral paralizada y personal sanitario desbordado; aeropuertos cerrados y nuevos centros hospitalarios.

Hace tanto tiempo desde la última epidemia en el mundo avanzado —la gripe de 1918, cuyas devastadoras consecuencias superaron la cifra de cien millones de muertos[1]—, que todos habíamos asumido que esto pertenecía al pasado remoto, al tenebroso mundo medieval con sus pestes y plagas; o que se reducía a los países pobres, y dentro de estos, a los parias de la sociedad. Ahora, cada día nos enteramos de nuevos casos de contagiados de individuos pertenecientes a la élite económica, política, social y religiosa. Un virus sin distinción de clases ni de países, que salta estamentos y fronteras. Nadie se salva, ni la cultura, el deporte o la religión; museos, estadios o iglesias. Todos cerrados, todos en cuarentena. Cada cual en su casa.

Ni en tiempos de guerra había ocurrido algo igual. Los difuntos sin un funeral como es propio. Enterrados o cremados apresurada, clandestinamente. Nunca han estado los muertos más solos como ahora. Malos tiempos para enfermar o para morir.

No es extraño que algunos se pregunten: “¿Dónde está Dios en esta epidemia?” “¿Qué tiene que ver Dios con el coronavirus?” Los más tradicionalistas no tienen dudas. Esta pandemia es un castigo divino. Castigo por la permisión de la homosexualidad, el aborto, la ideología de género[2]. Una buena manera de ajustar cuentas con sus enemigos particulares. Afortunadamente no todos los religiosos son iguales, el cardenal hondureño Madariaga, asegura que el “virus, no es un castigo de Dios, porque Dios no castiga, nos ama y nos ve con una mirada llena de amor y misericordia”, al mismo tiempo que acusa de mentalidad pagana al arzobispo de Milán por decir lo contrario[3].

Ahora bien, rogar a Dios para que detenga la pandemia, ¿no es también una manera de admitir que esta tiene su origen en Dios, que supuestamente él ha puesto en marcha y, por tanto, puede detener gracias a la intercesión de los fieles? Es difícil eliminar de un plumazo una mentalidad milenaria que siempre ha visto en la desgracias y catástrofes el azote divino, o que atribuye la enfermedad a algún pecado oculto o visible en el paciente.

A finales de los 90 escribí un libro con el título de Salud, enfermedad y fe (CLIE 1999), tratando de responder y aclarar un tema muy actual en aquel tiempo como era el don de sanidades y las curas milagrosas que tanto se estaban promocionando por influencia del carismatismo. Para ello tuve que estudiar a fondo la naturaleza de la enfermedad y sus causas, entre las que se encuentran los agentes biológicos infecciosos, como virus, bacterias, hongos y parásitos, causantes de miles de muertes, todavía hoy[4].

rogar a Dios para que detenga la pandemia, ¿no es también una manera de admitir que esta tiene su origen en Dios, que supuestamente él ha puesto en marcha y, por tanto, puede detener gracias a la intercesión de los fieles? Es difícil eliminar de un plumazo una mentalidad milenaria que siempre ha visto en la desgracias y catástrofes el azote divino
Así fue como me sumergí en un mundo invisible al ojo humano, pero tan inmenso y complejo como el tenemos ante la vista. El universo microbiano supera nuestra capacidad de comprensión, aunque cada vez sepamos más del mismo. Multitud de agentes biológicos microscópicos son las causantes de la mayor parte del sufrimiento y de las muertes del mundo, sobre todo en los países pobres: cólera, malaria, tifus, dengue, de ahí que se las llame “enfermedades de pobres”.

Como cristianos es lógico que nos hagamos preguntas y cuestionemos el papel de Dios en todo esto, toda vez que creemos en la providencia divina, estrechamente relacionada con el amor y el cuidado de Dios de su creación. El problema del sufrimiento siempre ha sido un grave obstáculo para la fe. Por naturaleza, nos negamos a creer que el mal puede convivir con el bien, si este tiene el poder de eliminarlo. Nuestra rebeldía ante el dolor en el mundo se vuelve dramática y agónica al confesar que Dios es bueno y misericordioso. Entiendo, pues, a quienes se preguntan: ¿Por qué Dios permite la pandemia y calla?[5]

En mi caso, en el mencionado estudio de las enfermedades por infección vírica, fue un verdadero shock. A medida que profundizaba en mi conocimiento del mundo de los microbios y de las múltiples enfermedades ocasionadas por ellos; al adentrarme en la historia de las epidemias causadas a lo largo del tiempo, con sus secuelas de dolor, terror y muerte[6], quedé totalmente perplejo y con muchas inquietudes. Si Dios es el creador, o fundamento último de todo cuanto existe, ¿a qué razón obedece la creación de ese universo diminuto de galaxias y agujeros negros de microbios, de virus, de bacterias? ¿Qué sentido puede tener la creación de esos seres infecciosos causantes de tanto sufrimiento, de tanto dolor, de tantas muertes, que en tiempo de epidemia han diezmado naciones enteras y reducido a veces a la mitad de la población mundial? ¿Qué sentido puede haber en sacrificar no ya a una, sino a millones de personas a un organismo microscópico cuya existencia no parece obedecer a ninguna otra razón que parasitar y destruir todo aquello que toca? ¿Qué gloria puede dar a Dios que la existencia de ese universo infinitamente pequeño de microbios —virus, bacterias, hongos…— decidan la vida y muerte de los seres superiores: hombres y animales? ¿No es terrible ver que hombres, mujeres, niños, con su inteligencia y proyecto de vida, perezcan dolorosamente por culpa de un ser repugnante, o tan primitivo como el coronavirus, que no llega ni siquiera a la categoría de organismo vivo?

Nuestra rebeldía ante el dolor en el mundo se vuelve dramática y agónica al confesar que Dios es bueno y misericordioso. Entiendo, pues, a quienes se preguntan: ¿Por qué Dios permite la pandemia y calla?
En mundo controlado por el azar todo es posible y nada es extraño, pero en un mundo de orden y diseño inteligente resulta totalmente incomprensible. Con todo, la fe se rebela, protesta y, ante de perecer, busca, imagina respuestas.

Hoy sabemos de esta cuestión más que nunca antes; en nuestras universidades existen cátedras de Microbiología y cada día se avanza más en el estudio del microbioma humano. La explicación del misterio y complejidad de la vida todavía sobrepasa a la inteligencia humana, pero nos ofrece algunas pistas. El ser humano es un milagro del universo. Todo cuanto existe en el espacio intergaláctico, conspiraba, contribuía a la aparición del ser humano en el tiempo y en el espacio. A esto se conoce como principio antrópico.

No todos los microorganismos son dañinos para la vida humana. Desde que los primeros investigadores aspirantes a microbiólogos, mostraron a sus incrédulos colegas la existencia de un mundo poblado de seres infinitamente pequeños, descubrieron que “algunos de ellos son feroces y capaces de ocasionar la muerte; pero otros, son beneficiosos y útiles y, en su mayoría más importantes para la Humanidad que cualquier continente o archipiélago”[7]. El universo microbiano no es nuestro enemigo, como se pensó en el siglo XIX, el cuerpo humano alberga billones de microbios que conforman todo un mundo en simbiosis con su entorno. Estos microscópicos y multitudinarios compañeros vitales no solo moldean nuestros órganos, sino que nos protegen de enfermedades e influyen en nuestro comportamiento[8]. Por desinformación o ignorancia, lo ponemos en peligro mediante el consumo abusivo de antibióticos. Sin darnos cuenta, la extinción de los microbios desencadenaría graves consecuencias para nuestra salud[9].

Nos guste o no, somos microbios, o como alguien ha dicho, “un envoltorio con microbios”[10]. En nuestro cuerpo viven unos 100 billones de microbios. Imagínense que ocurría si se rebelaran contra nosotros por culpa de nuestro mal proceder. Los microbios nos ayudan a construir nuestro propio sistema inmunitario. Tienen, pues, una razón de ser muy importante para nuestra vida, y nuestra salud. “Mantenernos sanos es imposible sin ellos”, asegura la bióloga Alanna Collen[11]. Es nuestra responsabilidad llevarnos bien con nuestros microbios, porque de ellos depende nuestra salud, nos advierte el Ignacio López-Goñi, profesor de Microbiología y Parasitología[12]. “Cada persona es un ecosistema —confirma el Dr. Roger Paredes—, en el que, aproximadamente, la mitad de las células son humanas y, la otra mitad, de microbios. Y vivimos con ellos en una situación de mutualismo: nosotros les proporcionamos nutrientes para su supervivencia y ellos nos permiten estar más saludables. Es una especie de pacto que hace que seamos como somos y vivamos como vivimos”[13].
 
Por tanto, tenemos que reajustar nuestro enfoque de la naturaleza, de la creación, de Dios, y aunque no podamos comprender todo, ni explicar todo, sí podemos al menos agarrarnos a lo que ya sabemos y que se manifestó en la persona y obra de Jesucristo, aquél que nos reveló a Dios como Padre bueno. La fe consiste en confiar que esa revelación es digna de confianza, la cual nos dice que Dios, en la persona de su Hijo, se preocupa por la enfermedad y el dolor de sus criaturas. A Dios le importa el sufrimiento humano y por eso se encarnó en la persona de Jesús. Las curaciones y milagros de sanación ocupan un lugar muy importante en la vida de Jesús; son como señales de la calidad de vida nueva que él trae y que nos otorga como una fuente de Agua viva. Los virus nos pueden enfermar, y en algunos casos matar, pero, como se está demostrando en esta pandemia, el espíritu solidario y de sacrificio brota en muchas personas dispuestas a darlo todo por atajar este mal[14]. Lo que nos confirma que el espíritu es más fuerte que la carne y que la vida no consiste en la cantidad de cosas que se poseen sino en esa disposición al amor, la fe y la esperanza que nos ayuda a vencer todo mal.

 A Dios le importa el sufrimiento humano y por eso se encarnó en la persona de Jesús
A los científicos toca averiguar la procedencia del covid-19, a nosotros nos toca creer y esperar el triunfo de la vida, haciendo todo lo posible por respetar el equilibrio de la creación y no traspasar sus límites, procurando llevar vidas responsables, sanas y agradecidas, como corresponde a hijos de Dios, templos vivos de su presencia en Espíritu (1 Cor 6:19). Ante la incertidumbre y alarma que se vive, opongamos la fe y la esperanza, como corresponde a aquellos que creen en el buen Dios y han conocido en la persona de su Hijo las virtudes de la vida nueva.

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Notas

[1] Por cierto, se conoció como “gripe española”, pero sin que los españoles tuvieramos nada que ver con ella. En tiempos revueltos la desinformación cunde. “Tal designación se debe a que en la Primera Guerra Mundial, los principales países beligerantes, Alemania, Austria, Francia, Reino Unido y Estados Unidos suprimieron la información sobre el alcance de la enfermedad. Por el contrario, España, al ser neutral, no necesitaba ocultarla. Este hecho produjo la falsa impresión de que este país fue el más castigado., por informar más sobre la enfermedad”. Víctor Arrogante, “La otra pandemia hace cien años; poco hemos aprendido”. https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/otra-pandemia-hace-cien-anos-poco-hemos-aprendido/20200322192134172472.html
[2] Coronavirus en México: un obispo dice que la pandemia es un castigo de Dios, https://www.clarin.com/internacional/mexico/coronavirus-mexico-obispo-dice-pandemia-castigo-dios-homosexualidad-abortos-eutanasia_0_3XEgdpJHj.html
[3] Obispos católicos y luteranos de Ecuador se unen para luchar juntos contra la pandemia, https://www.religiondigital.org/mundo/Maradiaga-coronavirus-castigo-Dios_0_2215878447.html
[4] Véase Ruy Pérez Tamayo, Microbios y enfermedades. FCE, México 2007, 2ª ed.
[5] Víctor Codina, "¿Por qué Dios permite la pandemia y calla? ¿Es un castigo? ¿Hay que pedirle milagros? ¿Dónde está Dios?" https://www.religiondigital.org/opinion/Victor-Codina-Dios-pandemia-milagros-coronavirus-peste-mal-Jesus_0_2215578438.html
[6] Sir Macfarlane Burnet, Historia de las enfermedades infecciosas. Alianza Editorial, Madrid 1967.
[7] Paul de Kruif, Cazadores de microbios. Salvat, Barcelona 1995.
[8] Ed Yong, Yo contengo multitudes. Debate. Barcelona 2020
[9] Martin J. Blaser, SOS microbios. Debate. Barcelona 2019
[10] Yasmine Belkaid, “Las personas solo somos un envoltorio con microbios”, https://elpais.com/elpais/2018/08/21/ciencia/1534872891_089675.html.
[11] Alanna Collen, 10% humano: por qué los microbios de tu cuerpo son la clave de tu salud. RBA, Barcelona 2019.
[12] Ignacio López-Goñi Microbiota. Los microbios de tu organismo. Editorial Guadalmazán, Córdoba 2018.
[13] “Gracias a los microbios”, https://miradasconalma.org/personas/gracias-microbios/
[14] “¿Dónde está Dios? Está en las víctimas de esta pandemia, está en los médicos y sanitarios que los atienden, está en los científicos que buscan vacunas antivirus, está en todos los que en estos días colaboran y ayudan para solucionar el problema, está en los que rezan por los demás, en los que difunden esperanza”. Víctor Codina. https://www.religiondigital.org/opinion/Victor-Codina-Dios-pandemia-milagros-coronavirus-peste-mal-Jesus_0_2215578438.html



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Alfonso Ropero es Doctor en Filosofía (Sant Alcuin University College, Oxford Term, Inglaterra) y Máster en Teología por el CEIBI. Es autor de, entre otros libros, Filosofía y cristianismo; Introducción a la filosofía; La renovación de la fe en la unidad de la Iglesia; Mártires y perseguidores La vida del cristiano centrada en Cristo.



Comentarios

  1. ¡Muchas gracias por este artículo! Me ha ayudado mucho a pensar las cosas de otra manera y muy al contrario del anterior comentario me parece que es profundamente cristiano.

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  2. Gracias Dr Alfonso por este analisis sobre los Viruz; y que muchas veces le achacamos a Dios la culpa, cuando la culpa nace en nosotros mismos. Soy Cristiano de Casa Roca Bucaramanga. Que siga siendo instrumento del Señor Dios Todopoderoso en Cristo Jesús. Bendiciones. Amen.

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