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Llamados a ser sal en la herida | Por Héctor Antonio Fernández Espino



San salvador, El Salvador Centroamérica. 24 de marzo 2025

“Ya les dije un día la comparación sencilla del campesino. Me dijo: "Monseñor, cuando uno mete la mano en una olla de agua con sal, si la mano está sana no le sucede nada, pero si tiene una heridita... ¡Ay! Ahí duele". La Iglesia es la sal del mundo y naturalmente, que donde hay heridas tiene que arder esa sal.”[1]

La iglesia de Cristo, cuando cumple con su rol profético, es como la sal y su efecto en una herida.

Este mes de marzo 2025 conmemoramos el 45 aniversario de la vida de monseñor Romero, y vemos con mucha esperanza los jóvenes, ancianos, adultos, pero principalmente los jóvenes cristianos y no cristianos que se cohesionan, se unifican en torno al tema del sí a la vida y él no a la minería metálica en El Salvador. Ellos y ellas son signos vivos de esperanza para este pueblo que necesita proteger la naturaleza, la poca vida silvestre que aún queda, los pocos ríos que aún no se han contaminado en su totalidad. Un país en el que hijas e hijos de Dios debemos proteger la vida. Dios bendiga y fortalezca a los ciudadanos y ciudadanas que se unen en este esfuerzo por proteger la vida de los salvadoreños. Las personas que trabajan por el sí a la vida y no a la minería en El Salvador, son también como la sala en la herida, por eso vemos cómo los ofenden y ultrajan en las redes sociales.

El fin último de reactivar la minería metálica en El Salvador, no es más que buscar formas inadecuadas para obtener beneficios económicos que llenaran aún más los bolsillos de personas que acumulan bienes materiales, personas nacionales y extranjeras vinculados a la deshumanizante tarea minera. Y continuar llenando los bolsillos, del actual presidente de El Salvador y su clan gobernante.

La información de lo que se hace actualmente con los impuestos y los fondos públicos no existe, o es demasiado limitada. Vivimos en un tiempo en el que se le niega a la población conocer cómo se utilizan sus impuestos, ¿qué confianza se puede tener en que las ganancias obtenidas por minería metálica, aunque sea en parte, beneficien a los empobrecidos? Ninguna. 

Es una falacia más para continuar sometiendo al empobrecimiento a la población salvadoreña.
Hasta la fecha, los grandes edificios y las mejoras en algunas carreras principalmente benefician a los que más tienen. El que antes fue” Centro histórico” en el que los más empobrecidos se procuraban el pan de cada día, hoy es lugar para negocios de personas que tienen gran capacidad económica. Negándole a los más desposeídos, posibilidades de ganarse la vida honradamente. Por eso es importante recordar otras palabras del pastor, profeta y mártir salvadoreño, que incomodaron e incomodan a los que se lucran del dolor de la población salvadoreña.

“Es decir, la riqueza es necesaria para el progreso de los pueblos, no lo vamos a negar; pero un progreso como el nuestro, condicionado a la explotación de tantos que no disfrutarán nunca los progresos de nuestra sociedad... no es pobreza evangélica. ¿De qué sirven hermosas carreteras y aeropuerto, hermosos edificios de grandes pisos si no están más que amasados con sangre de pobres que no los van a disfrutar? El que es verdaderamente libre en su interior, aunque sea el que promueve las carreteras y los edificios, le sabrá dar el verdadero sentido”[2].

Seguimos con esperanza firme en Dios nuestro salvador y en el ejemplo de monseñor Romero, la voz y ejemplo del profeta que resuena como mensaje de esperanza para los excluidos y desposeídos por el sistema, para los que trabajan por la vida y que es incómoda como la sal, en las heridas para los que se suman al no a la vida y si a la minería metálica. Para los que mienten y provocan dolor a los perseguidos, a los encarcelados injustamente, a los que desarrollan acciones económicas que provocan que muchos compatriotas tengan que abandonar su patria en busca de formas honradas de ganarse el sustento necesario.

Que el Santo Espíritu que orientó a monseñor Romero nos provea de la fe, la audacia y mucho amor para continuar en los trabajos y luchas por un El Salvador en que reine la justicia y la verdad. Dios nos ayude para que seamos: sal en la herida.


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[2] Monseñor Romero. Homilía del 15 de julio 1979



Héctor Antonio Fernández Espino
Teólogo. Investigador y profesor universitario.



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