Génesis 1 en contexto. Un himno a la creación



SUMARIO [1]


Es sumamente importante ubicar los textos bíblicos en el contexto histórico de donde proceden. De esa manera podemos entender lo que sus autores estaban diciendo a la gente de su tiempo y evitar así traer a nuestra realidad contenidos que no están allí. Génesis 1 es un himno a la creación. Uno de los textos más profundo de la Biblia. Nos habla de la trascendencia de Dios frente a los intentos babilonios de reclamar la supremacía de sus dioses y deificar a su nación. Como himno fue cantado por los israelitas en el amargo exilio en la ciudad de Babilonia. Allí les recordó que Dios era el Señor y Creador de todo.

Si la erudición bíblica es correcta –y ahora hay un consenso muy amplio– el himno de creación en Génesis 1 es la obra de los sacerdotes de Israel durante el exilio babilónico en el siglo VI a.C. Para apreciar la importancia de esto, necesitamos saber un poco sobre la historia israelita.
El exilio de los judíos a Babilonia fue un golpe terrible para todo el pueblo, desde el pastor de ovejas o el agricultor hasta los príncipes y el propio rey. En realidad la deportación ocurrió en tres etapas, la primera en 597 a.C. y la última unos 15 años después. El resultado fue que una parte sustancial de la población judía fue llevada al cautiverio a cientos de kilómetros de su tierra natal. En 2 Reyes 24:14 se nos dice que “llevó en cautiverio a toda Jerusalén, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra”.

La idea era que, despojados de sus ciudadanos más capaces, la nación israelita no volvería a presentar una seria amenaza al rey babilonio, Nabucodonosor. Desterrados de sus hogares y viviendo en una tierra extranjera, estos israelitas exiliados permanecieron en cautiverio hasta que los persas conquistaron a Babilonia y permitieron que ellos comenzaran a volver a casa en el 537 a.C.

El Salmo 137:1-6 nos deja una impronta de la amargura que los israelitas vivieron durante los largos años del exilio:

Junto a los ríos de Babilonia,
allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
acordándonos de Sion.
Sobre los sauces en medio de ella
colgamos nuestras arpas.
y los que nos habían llevado cautivos
nos pedían que cantásemos,
y los que nos habían desolado nos
pedían alegría, diciendo:
Cantadnos algunos de los cánticos de Sion.
¿Cómo cantaremos cántico de Jehová
en tierra de extraños?
Si me olvidare de ti, oh Jerusalén,
pierda mi diestra su destreza.
Mi lengua se pegue a mi paladar,
si de ti no me acordare;
si no enalteciere a Jerusalén
como preferente asunto de mi alegría.

Ese fue exactamente el problema. ¿Cómo podrían cantar la canción del Señor fuera de Jerusalén? ¿Cómo podían cantar sin templo? (Véase la descripción poética, pero gráfica, de la destrucción del templo en el Salmo 74:2-8). Aún más, ¿cómo iban a impedir la pérdida de su herencia y fe judías en medio de los extraños en los alrededores de Babilonia?



Tanto la evidencia bíblica como la arqueológica sugieren que los israelitas que vivían en Babilonia prosperaron. Pero la prosperidad misma era parte del problema. Ante la creciente comodidad y satisfacción que disfrutaban en Babilonia, ¿qué sería de la alianza de Dios con Abraham? ¿Qué de la alianza en el Sinaí, de la tierra prometida, o de sus esperanzas para el cumplimiento de las promesas de Dios en el futuro? Dada la creencia generalizada en aquel tiempo, de que los dioses eran deidades locales que ejercían control solo en sus propios territorios, ¿a qué conclusión pudieron llegar los israelitas del exilio? ¿Era Yavé solo un dios local más? ¿Su territorio estaba limitado a Palestina? ¿Estaban los israelitas bajo la influencia del dios Babilónico Marduk?

En comparación con la ciudad de Jerusalén, los espléndidos templos y la rica cultura de la Babilonia del siglo VI a.C. habrían parecido magníficos. La tentación para los israelitas habría sido concluir que el Marduk de Babilonia era el dios a quien había que adorar, y no el Yavé de Israel. El mayor peligro era que con el tiempo la fe religiosa de Israel, separada de sus fundamentos históricos en Jerusalén y su templo, se vería abrumada por la asimilación del pueblo a la cultura babilónica.

Por lo tanto, no es por casualidad que los sacerdotes de Israel recogieran, recopilaran, reelaboraran y organizaran sus tradiciones israelitas durante el período del exilio babilónico. Gran parte de lo que ahora llamamos el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) fue recogido y editado durante este periodo como una forma de mantener viva la herencia israelita. A los historiadores históricos más antiguos, los sacerdotes añadieron los materiales cúlticos, legales y litúrgicos que ahora están esparcidos por los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Y una de las muchas partes que agregaron fue el hermoso himno litúrgico dedicado a Dios el Creador. Es cierto que ya había una historia de creación en la colección (Génesis 2:4-3:24); no obstante, se añadió este nuevo relato, y además se colocó a la cabeza de toda la colección. Que esto es así se puede ver desde el contexto histórico que hemos estado describiendo.



IDEAS BABILÓNICAS DE LA CREACIÓN

La historia babilónica de la creación casi seguramente habría sido parte de la peligrosa influencia que amenazaba la fe de los exiliados. Se llamaba el Enuma Elish[2] y se leía anualmente en el gran festival de Año Nuevo de la ciudad de Babilonia. Era uno de los mitos más extendidos del mundo antiguo, y estaba en contradicción directa con la comprensión religiosa que Israel tenía sobre el mundo creado. En el Enuma Elish, el mundo viene a existir como el resultado de una gran batalla entre los dioses y las diosas del panteón babilónico. Tiamat, la gran diosa del océano, es asesinada por el dios sol Marduk, principal dios de la ciudad de Babilonia. Del cuerpo de Tiamat se crean los cielos y la tierra, y de la sangre del kingu, uno de los secuaces derrotados, la humanidad se crea para suplir el trabajo servil para los dioses.

Todos los dioses babilonios eran divinidades de la naturaleza. Había dioses del sol, de la luna y de las estrellas, del campo y del grano. Un súbdito babilonio podía encontrar casi todo en el mundo natural. La implicación de esto es que como la naturaleza es deificada, esta se convierte en la realidad última frente a la cual la vida era vista como un proceso puramente natural, se esperaba que evidenciara todas las catástrofes que ocurren en el mundo natural. Si las fuerzas de la naturaleza chocan, es natural que las fuerzas humanas hagan lo mismo. Gran parte del conflicto que el Enuma Elish describe es un conflicto entre dioses y diosas, entre los grandes principios masculinos y femeninos en la visión babilónica de la naturaleza. ¿Qué otra cosa se podría esperar, entonces, sino el mismo tipo de conflicto entre los seres humanos?

Es contra este tipo de antecedentes que los sacerdotes de Israel dedicaron su himno de creación al único Creador de todo. Su preocupación no era explicar científicamente cómo se hizo el mundo, sino responder a la amenaza que suponía para la fe de Israel la idolatría politeísta de la cultura babilónica. Una aproximación al contenido del himno revela cuán enérgicamente habló a los lectores de aquel tiempo y lugar históricos.

AL PRINCIPIO

Lo primero que vemos en el relato de Génesis es la distinción radical entre el Creador y la creación. Sólo Dios está "en el principio". Además, Dios no es el mundo y el mundo no es Dios. La naturaleza es destronada y desmitificada. La naturaleza nos afecta, pero no es la última condición de la vida ni es a la que finalmente nos debemos. El Dios del Génesis está solo, trascendente, al principio. Solo a este Dios está subordinada toda la creación.
No solo la naturaleza es destronada, también lo es Marduk, e implícitamente su nación (Marduk era el dios sol babilonio). En Génesis 1 el sol no es divino, sino una mera creación de Yavé. La idolatría babilónica de la naturaleza tuvo su contrapartida en la idolatría del imperio. Babilonia, Egipto, Asiria y los otros grandes imperios que aplastaron a Israel repetidamente en toda su amarga historia, todos operaron sobre la asunción
de que lo que era verdadero en los cielos debía ser verdadero en la tierra. Si Marduk fue victorioso en la batalla celestial de los dioses, así Babilonia debería y debe ser victoriosa en las luchas en la tierra. La idolatría de la naturaleza se convirtió rápidamente en idolatría de la nación.

A la luz de este contexto se hace más claro que los relatos de la creación de
Genesis, virtualmente de la línea inicial del poema, es una fuerte reprensión de la política y la religión babilónica. Nadie es trascendente sino solo Dios. Israel pudo haber sido derrotado, pudo haber sido llevado lejos de las colinas amadas de Sión, pero el Dios de Israel sigue siendo el Señor del mundo entero. Ningún imperio político, ni siquiera uno tan poderoso como el babilónico, estaba fuera del control final del Creador.

Observemos cómo en Génesis 1 las deidades de la religión babilónica se descartan una a una al nivel de la creación ordinaria. En el primer día, los llamados dioses de la luz y la oscuridad son destronados. En el segundo día, son los dioses del cielo y del mar, las principales divinidades beligerantes del Enuma Elish. Al tercer día son los "dioses" de la tierra seca y la vegetación los que son depuestos. En el cuarto, el sol, la luna y las estrellas, todos los dioses clave de las ciudades babilónicas, son desbancados. En el quinto y sexto días, todas las criaturas, tan propensas a la auto-deificación, se establecen firmemente en el orden creado. Uno a uno los ídolos de la cultura babilónica son reducidos, y la humanidad es dejada para servir solamente a Dios.

Podemos ver un aspecto más cuando comparamos los relatos de Génesis con el Enuma Elish. En la epopeya babilónica, la humanidad es creada porque los dioses derrotados en la guerra celestial están cansados de servir a sus conquistadores. Los hombres son creados para tomar los lugares de estos dioses derrotados como servidumbre de los dioses y diosas victoriosos, un estatus que implica una dignidad inferior para la raza humana. Por el contrario, en Génesis los seres humanos son creados a imagen de Dios. No son dioses, pero tampoco son esclavos de los caprichos de la naturaleza.

En una refutación directa de la cosmovisión babilónica, a los seres humanos se les da dominio sobre el resto de lo que Dios ha creado. Tampoco luchan entre sí. El hombre y la mujer son igualmente creados a imagen de Dios, y en ninguna parte se supone que existe una animosidad natural entre ellos. La discordia puede existir en la esfera humana, pero eso, como explica la segunda historia de la creación del Génesis (Génesis 2:4-3:24), es el resultado del pecado. No fue así como las cosas fueron creadas; por lo tanto no se puede considerar “natural". Así se da a la humanidad una especie de dignidad desconocida para los babilonios (¡excepto, tal vez, el rey!). Una vez más, el Enuma Elish ha sido directamente desafiada.

HIMNO DE LA CREACIÓN

Ver este himno en su propio contexto histórico marca una diferencia fundamental en cómo lo interpretamos. Si preguntamos qué canción se cantará en Babilonia, entonces la respuesta de los sacerdotes de Israel es que debemos cantar esta canción. No cualquier otra, sino esta. No es un relato científico de nada, mucho menos de la forma en que el mundo comenzó. Se trata de un relato litúrgico destinado a los exiliados israelitas tentados por la abrumadora presencia de la cultura babilónica. Se entiende como una forma de confesar la fe definitiva en el Dios que es Señor de Israel, de Babilonia y de todo lo demás.

SU MUNDO - NUESTRO MUNDO

Descubrir el contexto histórico de un texto bíblico es, a la vez, un ejercicio para crear distancia y superarlo. Hoy no vivimos con vecinos que sostienen la visión babilónica; por lo tanto, no podemos usar el himno de creación de Génesis de la misma manera que lo hicieron los israelitas de aquellos tiempos. Vivimos a una distancia sustancial, en el espacio y en el tiempo, de ese mundo politeísta.

Sin embargo, conocer la visión babilónica y la forma en que el himno de creación de Génesis era un desafío directo a ella, es dejar hablar a la Biblia en un mundo, en un tiempo y en un lugar real. Intentamos escuchar el final de la conversación de la Biblia en sus propios términos, hablando a su manera a las necesidades y asuntos de su propio tiempo. Es decir, podemos saber lo que el texto dijo a la gente para quien fue escrito por primera vez. Además, haciendo esto, podemos preguntar si lo que el texto dijo una vez es lo que sigue diciendo en nuestro mundo contemporáneo.

El himno de la creación del Génesis ilustra muy bien este carácter de doble
filo respecto al interés por el contexto histórico. Pero habiendo aprendido sobre dicho contexto histórico, estamos en condiciones de permitir que la Biblia vuelva a hablar sobre esos mismos temas. Podemos evitar forzar temas espurios en el texto (¿Cómo llegó el mundo aquí y cuánto tiempo hace?) y dejar que nos hable en sus propios términos.
Entonces podemos descubrir que el texto vuelva a tener sentido para nosotros rápidamente. Empezamos a entender lo que sus autores pretendían decir a sus contemporáneos más bien que lo que nosotros deseamos oír. Muchos de los temas con los que el himno de la creación estaba hablando están muy vivos en nuestros días. Lo que ocurre es que les prestan mucha atención aquellos que están atrapados en el debate sobre la evolución, o de aquellos que leen el texto sin preocuparse por su configuración histórica original.

Pensemos en el asunto de la trascendencia de Dios. Si Dios no es el mundo, y si nada en el mundo es Dios, ¿qué pretensiones nuestras podrían destronar? ¿No tenemos hoy la misma tendencia que tenían los babilonios a deificar nuestra estructuras políticas o asumir que tenemos bendiciones divinas? ¿No estamos inclinados a idolatrar nuestras sociedades humanas?

¿Y qué sobre la dignidad humana? El hombre de hoy puede que no considere a la raza humana una idea tardía creada para relevar a dioses perezosos (como ocurre en el mito de Enuma Elish), pero la amenaza a la dignidad del ser humano abunda en nuestro mundo. Podríamos preguntarnos qué significa ser creados a imagen de Dios y qué implicación tiene para la forma en que los seres humanos se tratan hoy.



Luego está la cuestión de la naturaleza. Podemos estar en menos peligro de sucumbir a sus caprichos (un temor constante en la condición climática de la antigua Babilonia) que dejar que nuestro dominio sobre ella se salga de control. Podemos haber tropezado con los límites de ese dominio de maneras que aclaran una vez más que es Dios, no nosotros, quien ejerce el control final.

Finalmente, metido en la controversia entre Génesis y la cosmovisión de Babilonia, está la cuestión de si lo que es natural es lo que es correcto. ¿Lo es? ¿Medimos nuestras vidas por la forma natural de hacer las cosas? ¿O por la voluntad de Dios? El babilonio asumía que porque la naturaleza era divina los dos eran uno y lo mismo. Pero los sacerdotes de Israel, viendo la distinción radical entre Dios y la creación, entendieron que nuestra responsabilidad es solo ante Dios. Una ética "natural" suponía que aquellos que nacían más fuertes y con mentes más agudas deberían naturalmente gobernar. En Israel, el gobierno pertenecía solamente a Dios.

LA IMPORTANCIA DEL ESCENARIO HISTÓRICO

Establecer este himno de creación de Génesis en el mundo del siglo VI a.C. no ha destruido su relevancia para nuestra era moderna. Ha dejado bastante claro lo que el texto quiere decir realmente. Una vez que se ha dado ese paso, estamos en condiciones de dejar que exprese su propio mensaje en vez de importarlo. Nuestro estudio ha demostrado que conocer el marco histórico de un texto bíblico es críticamente necesario si queremos ampliar nuestro común entendimiento con los escritores bíblicos. El "escenario histórico" es una de las herramientas más importantes disponibles para la interpretación bíblica.



Notas
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Los textos bíblicos transcritos aquí corresponden a la VRV 1960. (Ed.). Publicado en la revista Renovación n.º 50.







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